Un espacio multifuncional en el que, además de comer y cenar, se reúne la familia o los amigos. Una zona eco-friendly, con espacios reservados para separar correctamente la basura. Un territorio conectado a las redes sociales a las que se consultan sobre gastronomía y alimentación que, además, deja de ser básicamente un espacio femenino al incorporarse cada vez más hombres que cocinan habitualmente en casa.

Son algunas de las principales conclusiones del informe Global Kitchen: la cocina, el corazón del hogar, realizado por el Instituto Silestone y en el que se refleja cómo se materializan en el diseño y uso de las cocinas los cambios sociales y los nuevos modos de vida del siglo XXI. Un espacio, de carácter multifuncional, que recupera su posición como núcleo vital de la vivienda y que deja de ser básicamente femenino. Pasa entonces de acoger la actividad más tradicional de elaboración de la comida a convertirse en el lugar de culto a la salud y el bienestar, así como del cuidado del medio ambiente. En él, además, las redes sociales son las absolutas protagonistas para acercarse a la cultura culinaria y transformar los hábitos de consumo según criterios de eficiencia energética, sostenibilidad o reciclaje.

Las cocinas, reflejo de las transformaciones sociales

Las transformaciones sociales que estamos viviendo y que repercuten en cómo somos, nos comportamos y evolucionamos se ven reflejadas de forma fiel en la cocina. A ellas han contribuido, entre otras causas, la progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral, los avances en la igualdad entre ambos sexos y un entorno marcado por la globalización que determina que la cocina y los hábitos de consumo reflejen los patrones de un mundo cada más conectado e interrelacionado.

Espacio central. Cada vez en más hogares la cocina se ha convertido en el punto central, y ese hecho tiene sus consecuencias en su uso y diseño. Para ello se considera por encima de todo su funcionalidad: acoger de manera segura y práctica la labor del cocinado —puntos de calor, salidas de humos…—, invisibilizar e incorporar tecnologías que garanticen la higiene, la resistencia al calor o la durabilidad junto a otras actividades que le ceden el resto de las estancias, como ver la tele, consultar las tabletas…

Cada vez más unisex. La cocina deja de ser, aunque lentamente, un espacio únicamente femenino. Así la mujer sigue siendo la figura encargada de la preparación y organización de las comidas —duplicando el porcentaje masculino, si bien se observa un progresivo cambio fruto del reparto de las tareas domésticas. Sin embargo, el reparto equilibrado sigue siendo una asignatura pendiente en las culturas mediterráneas en comparación con los países anglosajones.

Al servicio de la salud. El binomio alimentación-salud, plenamente interiorizado, tiene también su reflejo en la cocina. La preocupación por un estilo de vida más saludable, tanto a nivel físico como mental, se constata en el interés por conocer tanto la procedencia como las propiedades nutricionales de los alimentos. A ello se añade la disminución en el consumo de alimentos procesados y precocinados.

El medioambiente importa. La conciencia medioambiental condiciona el uso de la cocina a todos los niveles. Se traduce, por un lado, en la progresiva transformación en los hábitos de compra y otros comportamientos: cada vez tienen menos cabida las bolsas y envases de plástico, ganan importancia el suministro a granel y los productos de temporada y proximidad. Y por el otro, la cocina se convierte en el espacio en el que profundiza en la conservación y reutilización de alimentos para evitar su desperdicio.

Intercomunicación e información. En la cocina del siglo XXI las redes sociales cobran protagonismo, incluso por delante de la domótica y dispositivos inteligentes. Y se convierten en motivo para pasar más tiempo en ella, explorando nuevos platos o recetas, convirtiéndose también en fuente de información sobre cambios en la dieta o descubrimiento de nuevos restaurantes, mediante blogs, Twitter, Facebook, Instagram o tutoriales de YouTube. Un proceso en el que los grandes chefs han adoptado un papel prescriptor —han relevado incluso a la mujer a la hora de transmitir la tradición gastronómica que antes se hacía de abuelas, madres e hijas— compartiendo su sabiduría gastronómica sin restricciones a través de dichas redes, programas televisivos, libros, blogs…..Además las RRSS tienen otro papel fundamental como es ser una de las principales herramientas para la transformación de los hábitos de consumo en base a criterios de eficiencia energética, sostenibilidad o reciclaje.

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Así serán las cocinas del siglo XXI
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Así serán las cocinas del siglo XXI
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Conclusiones del informe Global Kitchen: la cocina, el corazón del hogar, en el que se refleja cómo se materializan en el diseño y uso de la cocina los cambios sociales y los nuevos modos de vida del siglo XXI.
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