Desde la óptica de hoy en día, la costumbre de llevar la comida al trabajo parece una práctica muy reciente, fruto de una serie de factores propios de los tiempos actuales, ya sea la crisis económica, las prisas que generan las grandes ciudades, los horarios estirados al máximo o la creciente obsesión por desarrollar varias actividades a la vez.

Sin embargo, lo único que podemos considerar como actual es, en todo caso, el tipo de envase en que trasladamos los alimentos, el conocido tupper.

El hecho de llevarse la comida ya preparada de antemano para cubrir la jornada laboral es algo que históricamente se lleva haciendo siglos, desde que los trabajadores del campo salían de casa al amanecer y no volvían hasta la puesta del sol. La diferencia es que los recipientes que se usaban por aquel entonces eran distintos y se les llamaba de otro modo: al principio “el atillo”, en realidad un simple envoltorio de tela. Después fue la tartera y más recientemente la fiambrera, en ambos casos metálicas y bastante voluminosas.

Años más tarde, con la transformación industrial llevada a cabo en Europa y en los recién creados Estados Unidos de América, fueron los trabajadores de las fábricas quienes necesitaban llevarse el almuerzo para comer en los escasos minutos que les quedaban libres en sus largas jornadas.

Nuevas costumbres, nuevos métodos

Al principio eran sus mujeres las que les acercaban a media mañana la comida recién hecha o ellos mismos se encargaban de trasladarla en las habituales tarteras. Posteriormente y siempre atentos al posible negocio, comenzaron a acercarse por los alrededores de las fábricas diversos comerciantes con carros en los que servían guisos, carnes y más recientemente, a principios de siglo y sobre todo en los Estados Unidos, comida rápida tipo pizza o hamburguesas, platos influidos por las nuevas costumbres de los inmigrantes recién llegados y adecuados al incipiente gusto americano.

En 1947 surgió el Tupper, un recipiente plástico con una tapa basada en la de las tradicionales latas de pintura, pero al revés, cerrando hacia el exterior en lugar de hacia adentro, lo que permitía transportar la comida herméticamente, sin riesgos de vertido y con mucha más garantía de conservar el buen estado de los alimentos.

Su éxito fue tal que hoy en día es el objeto de cocina más empleado en todo el mundo, ya sea  tanto para transportar comida como para conservar los alimentos en frigoríficos, congeladores o despensas

Materiales más adecuados

Los primeros tuppers se fabricaron en polietileno, para posteriormente pasar a realizarse en metal, una solución en principio más estable y segura pero que con el invento del microondas -que no permitía la utilización de metales- obligó a volver a las versiones de plástico, aunque ya a base de las nuevas variedades de este material como policarbonatos, polietilenos y polipropilenos, con muchas más prestaciones y posibilidades de uso que los iniciales.

Hoy en día la utilización de este tipo de envases no es solo una cuestión de dinero o de aprovechamiento del tiempo, sino que muchos usuarios han decidido comer de tupper por razones mas personales, como la demostración de un estilo de vida propio y diferenciado con argumentos basados en temas tan actuales como la salud, el sabor natural, la libertad, la autonomía personal o la pertenencia a nuevas tendencias de moda.

En cualquier caso, se trata de una costumbre que según las últimas investigaciones afecta a un 24,4% de los españoles  -uno de cada cuatro- con una media de utilización de cuatro veces por semana.

Resumen
Título
Comer de tupper
Descripción
El hecho de llevarse la comida ya preparada de antemano para cubrir la jornada laboral es algo que históricamente se lleva haciendo siglos, desde que los trabajadores del campo salían de casa al amanecer y no volvían hasta la puesta del sol.
Autor