Protegido por una serie de picos de gran altura que durante siglos le han permitido ser un condado independiente, el peculiar Valle de Boí, en Lérida, fronterizo con el de Arán, se ha ganado la consideración de ser la cuna del arte románico en Cataluña. A pesar de que cuantitativamente la llamada Cataluña Vieja cuenta […]

Protegido por una serie de picos de gran altura que durante siglos le han permitido ser un condado independiente, el peculiar Valle de Boí, en Lérida, fronterizo con el de Arán, se ha ganado la consideración de ser la cuna del arte románico en Cataluña.

A pesar de que cuantitativamente la llamada Cataluña Vieja cuenta con un mayor número de edificaciones, las del Valle de Boi forman un conjunto mucho más armónico y único, tanto por sí mismas como por su encaje paisajístico en el entorno natural.

El gran protagonista del valle es el Románico Lombardo, posicionado históricamente entre el Prerrománico y el Románico pleno, una época que transcurre entre los siglos XI y XII. Iglesias como Sant Climent de Tahull, emblema de la comarca, Santa María de Tahull, Santa María de L’Assumpció de Cöll o Santa Eulalia de Erill la Vall, entre otras, han avalado que el valle de Boi haya sido declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad.

Como características arquitectónicas especiales destacan su difícil y elaborado trabajo en la piedra, las cabeceras de gran tamaño y la esbelta y elevada figura de sus torres campanario, alguna de ellas de hasta siete pisos de altura.

Y entre ermita y ermita… la naturaleza. Hasta en este sentido resulta privilegiado el Valle de Boi, entre otras razones por su cercanía al increíble Parque Nacional de Aigüestortes, cuya principal seña de identidad son sus más de 200 lagos, los imponentes riscos de “Els Encantats” y sus característicos meandros de alta montaña, que hacen de él un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza.

Estos diferentes hábitats constituyen además el hogar de multitud de plantas y animales, entre ellas varias especies protegidas, alguna en peligro de extinción o extinta ya fuera del parque por la degradación del medio, e incluso algún endemismo pirenaico.

En definitiva todas estas características convierten al parque en un particular conjunto con un alto nivel de biodiversidad. Románico lombardo y naturaleza en plena forma. ¿Se puede pedir más?

Comer en el Valle de Boí

Coincidiendo con el décimo aniversario de la proclamación como Patrimonio de la Humanidad, la Editorial Meteora publicó un libro titulado “Cocina y paisaje del Vall de Boí” una guía que recoge la historia, tradiciones y atractivos culturales y turísticos de la zona.

Un interesante recetario en el que han colaborado las principales cocineras del valle y en el que figuran platos como la Ensalada de Montaña, Arroz a la cazuela con conejo y sederuelas, Sopa de pastor con tomillo, Bacañao al estilo de Taüll, Caracoles a la cazuela o la típica Tortilla de “moixarrons” y “carreretes”.