Durante todos los fines de semana del próximo mes de febrero, más de veinte establecimientos de toda la ribera vallisoletana —Peñafiel, Castrillo de Duero, Curiel de Duero, Pesquera de Duero y Valbuena de Duero— participan en una nueva edición de las Jornadas del Lechazo de la Ribera del Duero. Menús basados en lechazo, muchos de […]

Durante todos los fines de semana del próximo mes de febrero, más de veinte establecimientos de toda la ribera vallisoletana —Peñafiel, Castrillo de Duero, Curiel de Duero, Pesquera de Duero y Valbuena de Duero— participan en una nueva edición de las Jornadas del Lechazo de la Ribera del Duero.

Menús basados en lechazo, muchos de ellos fusión entre cocina tradicional y vanguardista, a 32 euros por persona, compuestos de entrantes, plato principal, postre, vino de la Denominación de Origen Ribera del Duero, pan, agua y café o infusión.

Pero además, el lechazo se podrá degustar también en forma de tapa, en cualquiera de los diez bares participantes, que ofrecerán diferentes productos derivados del lechazo. El precio de la tapa será de 2,50 euros, acompañada de una copa de vino joven de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

Como complemento, durante las jornadas, con la visita al Castillo de Peñafiel y al Museo Provincial de Vino, se podrá disfrutar de recreaciones escénicas en clave humor, de la mano de sus antiguos moradores.

El secreto de un buen lechazo

Una de las principales señas de identidad de la Ribera de Duero es su rica gastronomía, sustentada principalmente por sus vinos y por el lechazo, plato tradicional que protagoniza el recetario de la comarca. Desde la antigüedad este plato, favorecido por la impronta ganadera de la zona, ha ocupado las cartas de los restaurantes de la Ribera. Hoy es un atractivo turístico, como lo prueba el hecho de que cientos de personas acuden, casi a diario, a degustar este plato.

Buen número de establecimientos se sienten identificados con el asado y gracias a ellos persiste una receta que se resiste a morir. La raza churra tiene presencia en tierras castellanas desde tiempos de los íberos y se caracteriza por su resistencia al clima extremo y por ser una raza longeva que no padece enfermedades congénitas. Por ello, buena parte de los restaurantes adquieren la materia prima de los ganaderos de la zona.

El maestro asador y el horno de leña son tan importantes como la materia prima, pues la receta es sencilla: lechazo de primera calidad, manteca, agua y sal. Los cuartos de lechazo se sirven en cazuelas de barro, en raciones abundantes y recién sacadas del horno. Es muy suave, tierno y jugoso, en gran medida porque el animal tan sólo se ha alimentado con leche materna y se sacrificó al alcanzar un peso en canal de entre cinco y ocho kilos.


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