Gales era el secreto mejor guardado entre los amantes de la tranquilidad y los paisajes salvajes hasta que llegaron los hoteles con encanto, los restaurantes orgánicos y las casas de campo reconvertidas en bed and breakfast. Su oferta turística está creciendo con mimo y sin prisas pero esta tierra celta ya se ha convertido en […]
Gales era el secreto mejor guardado entre los amantes de la tranquilidad y los paisajes salvajes hasta que llegaron los hoteles con encanto, los restaurantes orgánicos y las casas de campo reconvertidas en bed and breakfast. Su oferta turística está creciendo con mimo y sin prisas pero esta tierra celta ya se ha convertido en un destino clave para los amantes del chic rústico.
Nantyffin Cider Mill (Crickhowell, Powys, Gales)
En Gales es posible alejarse del mundanal ruido con estilo. Y todo a pocos kilómetros de playas vírgenes, montes legendarios y pueblos marineros donde ponerse morado a marisco.
Una de las nuevas facetas de Gales es la de haberse convertido en ‘la meca’ de la gastronomía sostenible. No hace falta escarbar mucho para empaparse de esta gastro revolución. En los pubs hay cada vez más cerveza artesana, fabricada en la tierra y los ingredientes de las cartas cumplen con los mandamientos de lo orgánico, lo local y de temporada.
Abergavenny es el epicentro de este movimiento. Su mercado de comida es el más completo de los alrededores y cada septiembre celebra su festival culinario local, conocido como el Glastonbury de la comida, que recibe 28.000 visitantes, el doble que los habitantes de la localidad. Ofrece clases magistrales de chefs, talleres, catas… y cualquier cosa relacionada con comer bien. En su estela ha proliferado una constelación de gastro pubs y posadas con menús clásicos con aires renovados, muchos de ellos ofreciendo también cursos de cocina.
Comida silvestre
Y muy cerca de Abergavenny se encuentra el parque nacional de Breacon Beacon. Esta reserva, a una hora de Cardiff es el parque nacional menos transitado de Gales. Además funciona como un enorme huerto que permite pasear por sus confines y de paso llevarse una ensalada al completo sin pagar un penique. Por esta razón en la zona se está poniendo de moda el foraging o la búsqueda de comida silvestre: frutas del bosque, hierbas aromáticas y comestibles y setas. La versión más extrema es el bushcrafting o cómo sobrevivir alejados de la civilización, pero la mayoría de las rutas de foraging terminan con una cena de mesa puesta.
También la oferta hotelera de esta parte de Gales está a la altura de sus restaurantes con establecimientos sostenibles que no decepcionan a los amantes del lujo, hoteles que utilizan únicamente electricidad verde y el agua caliente o el suelo radiante se calientan mediante paneles solares, además de colchones orgánicos, té, café, azúcar, chocolate y sábanas o toallas de comercio justo.
Vivir en una granja
Levantarse al alba, recoger huevos recién puestos para el desayuno, dar de comer a los animales, salir a montar a caballo y volver a cenar una de las especialidades de la zona. Cualquier urbanita tiene el sueño rural a su alcance en un día muchas de las granjas alojamiento que hay repartidas por la geografía galesa. Varias granjas y fincas solariegas han sido transformadas en centros gastronómicos de materia prima galesa que, además de bellas habitaciones ofrecen restaurantes, salones de té, tiendas, flores comestibles y mucho más.
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