La vinculación de Galicia con el mejillón es un hecho del que se tienen noticias ya en el siglo VIII a.C. Las primeras poblaciones celtas en Galicia aprovechaban la bajada del mar para hacerse con un rico menú de mariscos, como lo demuestran las grandes cantidades de conchas de mejillón y otros moluscos encontrados en […]

La vinculación de Galicia con el mejillón es un hecho del que se tienen noticias ya en el siglo VIII a.C. Las primeras poblaciones celtas en Galicia aprovechaban la bajada del mar para hacerse con un rico menú de mariscos, como lo demuestran las grandes cantidades de conchas de mejillón y otros moluscos encontrados en el exterior de sus aldeas fortificadas o castros. En el siglo V d.C. el consumo de mejillón se extiende hacia el interior de la Galicia romana.

Según la Denominación de Origen Protegida Mejillón de Galicia, en el siglo XVIII desde las Rías Gallegas se expedían ya, con destino a la corte de los Austrias, pequeños barriles de ostras y mejillones sumergidos en ‘escabeche real’ para ser consumidos por la nobleza en Cuaresma. En esta época no existía un cultivo en sentido estricto, el mejillón procedía de parques o zonas determinadas, sujetas a un régimen de concesión que ostentaban algunas familias.

La experiencia se siguió extendiendo y ganando importancia hasta que en el XIX comienzan a producirse las primeras experiencias de cultivo. Durante las primeras décadas del siglo XX se intensificaron los intentos por alcanzar un cultivo estable en cercados o estacas, pero no fue hasta los años 40 cuando se iniciara el gran desarrollo de la miticultura gallega, cuando el propietario de Viveros del Rial, que llevaba tiempo intentando criar mejillones sobre estacas, cambia de método y decide intentar el cultivo de mejillón suspendido.

En 1945 se fondea en la ría de Arousa la primera batea; este primer prototipo tenía un único flotador en forma de cubo hecho de madera que soportaba un entramado también de madera donde se colgaban unos pocos metros de cuerda de esparto crudo. Los esperanzadores resultados hicieron que al año siguiente instalara diez bateas en la escollera del puerto de Villagarcía de Arousa. En 1949 se inician los fondeos en la ría de Vigo; en 1954 se extiende a las localidades de Cambados, O Grove, Bueu, Redondela y Puebla del Caramiñal; un año más tarde se instalan bateas en la ría de Sada y finalmente en 1956 en la de Muros.

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Tiempos actuales

Así fue como a mediados del siglo XX, con el desarrollo de la actividad se pasó de la simple recolección a un cultivo puntero en el mundo de la acuicultura, convirtiéndose en un pilar de la economía de muchos ayuntamientos costeros y propiciándose el fomento generalizado del consumo de este marisco hasta hoy en día. Prueba de su calado en la sociedad son las numerosas fiestas y romerías dedicadas al mejillón, alguna de ellas con más de treinta ediciones.

Estos años iniciáticos fueron testigo de las continuas innovaciones de las estructuras, de los métodos y de las prácticas de cultivo. Los cajones de madera fueron recubiertos de cemento para aumentar la seguridad y alargar su vida útil, aumentó el tamaño del engrillado gracias a tirantes de cable metálico que ayudaban a soportar la estructura, algunos productores adoptaron viejos cascos de barcos como sistema de flotación, las cuerdas de esparto fueron reemplazadas por las de nailon, la incorporación del acero y del poliéster con recubrimiento de fibra de vidrio permitieron mayor vida útil, seguridad y rendimientos de cultivo. Actualmente existen más de 3.300 bateas dedicadas al cultivo de mejillón fondeadas en las aguas de las Rías Gallegas que hacen de Galicia una potencia acuícola a nivel mundial.


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