Un año más, se han inaugurado las Jornadas de Cocina Monacal en el restaurante Las Pallozas (Carracedelo El Bierzo-León), una original propuesta que tendrá lugar a lo largo de todo el mes de marzo, durante las comidas de todos los días de la semana y las cenas de viernes y sábado. El mantenedor de esta […]

Un año más, se han inaugurado las Jornadas de Cocina Monacal en el restaurante Las Pallozas (Carracedelo El Bierzo-León), una original propuesta que tendrá lugar a lo largo de todo el mes de marzo, durante las comidas de todos los días de la semana y las cenas de viernes y sábado.

El mantenedor de esta nueva cita gastronómica fue el periodista Antxon Urrusolo, autor del libro “La cocina del Monasterio-Recetas para el cuerpo y el alma”, quien subrayó el papel divulgativo de la cultura gastronómica atesorada en los Monasterios que, para instruir a los nuevos cocineros, escribieron los primeros recetarios conocidos, así como el carácter nutricionista y equilibrado de su dieta, alejada de tópicos seculares.

Potajes y guisos humildes, pero ricos en propiedades

Atendiendo a esos usos, Urrusolo resaltó también el valor de potajes y guisos que se componían de elementos humildes pero ricos en propiedades, que mejoraban los organismos no sólo de los propios sino también de los desnutridos, como los mendigos que acudían a comer “la sopa boba”, vieja conocida del lenguaje castellano.

El monasterio invitado en esta ocasión fue el Convento de San Francisco de Santiago de Compostela que, hoy en día, además de Convento también es hotel y hospedería. Este monasterio ofreció un menú especial a los asistentes basado en los productos típicos utilizados por los franciscanos gallegos desde tiempos lejanos, a los que se añadieron en su momento los traídos de América por los conquistadores del nuevo mundo, como el pimiento y su derivado el pimentón.

Un evento anual

El restaurante Las Pallozas organiza anualmente las Jornadas de Cocina Monacal, con el fin de rescatar recetas atesoradas en los monasterios y conventos de este país y ofrecer una gastronomía no sólo rica en su sabor, sino también en su origen cultural.

Al igual que el saber general de la humanidad fue compilado durante la edad media y moderna por monjes y monjas; en sus cenobios, en sus bibliotecas y en sus cocinas fue manteniéndose una gastronomía rica y elaborada que atendía a las reglas de la alimentación sana y equilibrada, y que extraía de los alimentos sus mejores esencias y sabores.

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