Estafa, negligencia profesional, maquinación comercial en toda regla, o simplemente  candidez. Sea cual sea la razón, el caso es que en el mundo de la gastronomía, como en cualquier otro ámbito de la vida, se han producido una serie de historias “muy bien cocinadas” que finalmente resultaron ser verdaderos fraudes en toda regla. Algunos casos […]

Estafa, negligencia profesional, maquinación comercial en toda regla, o simplemente  candidez. Sea cual sea la razón, el caso es que en el mundo de la gastronomía, como en cualquier otro ámbito de la vida, se han producido una serie de historias “muy bien cocinadas” que finalmente resultaron ser verdaderos fraudes en toda regla.

Algunos casos se encuentran suficientemente documentados, sobre otros existen serias dudas de que en realidad sean meras leyendas urbanas.

 

 

El caso es que de una forma u otra, han logrado pasar, con merecido mérito, a la historia mundial del sonrojo.

El misterioso caso del Château Lafitte del presidente Thomas Jefferson

Hace años, el millonario norteamericano William Koch, propietario de la sociedad Oxbow Corp. y con una bodega personal con más de 35.000 botellas, compró una serie de botellas del exclusivo vino francés Château Lafitte, cosecha de 1787 por una cantidad cifrada en varios cientos de miles de dólares.

El histórico vino tenía además el valor añadido de haber pertenecido en su día nada menos que al tercer presidente de EEUU, Thomas Jefferson.

Una vez realizada la transacción y tras un minucioso examen de la mercancía comprada, Mr. Koch descubrió un hecho que le llamó poderosamente la atención: las iniciales TH.J -supuestamente correspondientes a las del presidente de EEUU- que figuraban en la etiqueta del mencionado vino, habían sido impresas por medio de una máquina eléctrica, lo que evidentemente le pareció algo sospechoso y demasiado avanzado para 1787.

Naturalmente, debido a las especiales circunstancias de las botellas, el caso acabó en manos de la brigada especial de falsificación de arte del FBI.

La increíble historia del restaurante caníbal que resultó ser vegetariano

En agosto de 2010, una serie de importantes diarios europeos y medios especializados anunciaron la insólita noticia de la inminente inauguración de un restaurante caníbal, situado en la ciudad alemana de Berlin y que llevaba por nombre. Filmé su menú.

Según las informaciones publicadas, el establecimiento se basaba en las costumbres culinarias de la cultura wari, un pueblo caníbal natural del Amazonas, con influencias de las recetas tradicionales brasileñas, para lo que buscaba donantes de carne humana.

Una vez difundida la noticia, que lógicamente generó grandes polémicas en todo tipo de estamentos sociales, el representante de la Federación Vegetariana de Alemania, Sebastian Zösch, reconoció que todo había sido un montaje ficticio puesto en marcha por su organización con el objetivo de llamar la atención sobre su movimiento gastronómico.

El curioso premio a la mejor carta de vinos para un restaurante que nunca existió

La conocida revista norteamericana Wine Spectator, especializada en enología y vinos, pasó a la historia cuando en 2008 premió, con todo tipo de elogios, la carta de vinos de un restaurante italiano llamado L’Osteria L’Intrepido, de Milán, un establecimiento que realmente no existía.

El asunto resultó ser un plan del también estadounidense crítico y catador Robin Goldstein, quien se había empeñado en desenmascarar la poca seriedad de los premios otrorgados por los medios especializados en vinos, para lo que sencillamente había colgado en la red una página web de un restaurante ficticio con una excelente carta de vinos igualmente falsa.

Para mayor sonrojo, la carta ganadora contenía además una serie de referencias de vinos que la revista había valorado en años anteriores con las peores calificaciones posibles.

El exclusivo Pinot Noir que resultó no serlo tanto

Una de las bodegas más importantes de Estados Unidos, E&J Gallo, importó entre 2006 y 2008 alrededor de 18 millones de botellas de un vino francés elaborado con la escasa, elegante y cara uva Pinot Noir y que comercializó a un elevado precio bajo el nombre de Red Bicyclette.

Después de haber sacado al mercado y vendido la mayoría del lote, una operación con la que obtuvo un beneficio cercano a los 7 millones de dólares, se descubrió que el “singular” vino era realmente una mezcla de restos baratos de las populares uvas Syrah y Merlot.

La operación fue sancionada por la justicia norteamericana con una serie de multas que no llegaron a alcanzar los 200.000 dólares, una cantidad que sin duda compensó el “error” de las bodegas importadoras.

El queso de cabra era de vaca y el caviar ruso, del Mississippi

En 2009, un experimento escolar de dos estudiantes del Trinity School de Manhattan, Brenda Tan y Matt Cost, pusieron en jaque a la industria alimentaria de ese país. Realizaron un análisis del ADN a 66 productos que se comercializaban de forma habitual en Estados Unidos y 11 resultaron ser fraudulentos.

Entre ellos, algunos de los considerados en la categoría de alta gama gourmet, como un supuesto queso elaborado 100% con la escasa y cara leche de cabra, que en realidad estaba hecho con leche de vaca. Un caviar de esturión ruso que finalmente demostraron que estaba hecho con las huevas del llamado pez espátula y una una aleta de tiburón no era otra cosa que parca del Nilo, un pez que podemos encontrar en las pescaderías de medio mundo.

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