Cuando nos decidimos a cocinar un plato de calamares rellenos, la fórmula que generalmente usamos para evitar que se salga la “farsa” que introducimos en el calamar es a base de cerrarlos con un palillo. Aún así, es fácil que durante la cocción perdamos parte de ese relleno, sobre todo si hemos sido más o […]

Cuando nos decidimos a cocinar un plato de calamares rellenos, la fórmula que generalmente usamos para evitar que se salga la “farsa” que introducimos en el calamar es a base de cerrarlos con un palillo.

Aún así, es fácil que durante la cocción perdamos parte de ese relleno, sobre todo si hemos sido más o menos generosos para que una vez cocinado, el calamar quede con una textura tersa y mantenga una forma lo más parecida posible a la original.

Para conseguir este resultado final sin necesidad de recurrir a palillos ni otros utensilios para cerrarlo, lo mejor es aprovechar el hecho de que al lavarlos solemos darles la vuelta como si fuera un calcetín para limpiar bien su interior y dejar el calamar así, del revés para a continuación proceder a su relleno.

El calamar se cierra solo

Sin necesidad de cerrarlos de ningún modo, los cocinamos con la receta habitual. Al estar dado la vuelta, el cuerpo del calamar se contrae automáticamente, cerrando el orificio y evitando que se escape el relleno.

Además, ganaremos también en el aspecto estético, ya que no habremos necesitado retirar previamente la fina piel coloreada externa -que además le aporta mucho sabor- ni en su aspecto final quedará ningún rastro de haber cortado las aletas laterales.