El entorno laboral influye de manera decisiva en los hábitos alimentarios y en el bienestar de los equipos. El estrés, la presión, la falta de tiempo o una organización deficiente pueden condicionar no solo qué y cómo se come, sino también la energía, la motivación y el rendimiento en el trabajo.

Son algunas de las conclusiones del estudio Hábitos alimentarios en el entorno laboral, realizado por Cigna Healthcare España, que recoge que el 67 % de los empleados en España reconoce recurrir a la alimentación emocional, es decir, comer para gestionar el estrés o la ansiedad durante la jornada. Entre los motivos, un 52,4 % señala que la falta de tiempo y de organización impacta directamente en la calidad de su dieta, y casi el 50 % admite que cuando trabaja bajo presión tiende a comer con mayor rapidez, a elegir opciones poco saludables o incluso a saltarse comidas.

Los hábitos alimentarios en el entorno laboral

Durante la presentación de este estudio se celebró también un dialogo entre profesionales titulado Alimenta lo que importa, en el que se destacaron varios aspectos de interés relacionados con hábitos alimentarios en el entorno laboral:

  • La dieta de los empleados es un factor decisivo para su bienestar físico y emocional, así como una palanca estratégica que repercute en la eficiencia organizativa. Y, es que, una alimentación equilibrada no solo favorece la salud, también refuerza la concentración, la capacidad de afrontar el estrés y el compromiso de los equipos.
  • Un 34,2% de los encuestados reconoce explícitamente que una dieta adecuada mejora su concentración y productividad, aunque la percepción general de los propios hábitos es ambivalente, ya que un 51,2 % considera que sus hábitos alimentarios en el trabajo son buenos, mientras que un 42,6 % admite que todavía tienen margen de mejora.
  • En cuanto a los patrones alimentarios, la dieta mediterránea sigue siendo la más seguida en España, con un 55 % de adhesión, elevándose hasta el 61,4 % entre los mayores de 55 años. Paralelamente, un 83,2 % afirma llevar una dieta variada, mientras que las dietas específicas continúan teniendo una presencia muy reducida, como es el caso de la vegetariana (3 %), la vegana (1,8 %) o la sin gluten (1,9 %).
  • Respecto al tipo de alimentos consumidos, son los jóvenes de entre 25 y 34 años quienes destacan por incluir más productos frescos en su dieta (57,8 %). En cambio, si se observa a la población general, solo un 25,6 % asegura que más de la mitad de lo que come es fresco, mientras que la mitad (50,5 %) sitúa este consumo entre un 25 % y un 50 %, lo que evidencia que, aunque existe cierta conciencia sobre la importancia de una dieta equilibrada, todavía persisten carencias en cuanto a la calidad real de los alimentos que se consumen en el entorno laboral.
  • Los factores personales y profesionales pueden condicionar los hábitos alimentarios en el entorno laboral. La edad, el tiempo disponible y las exigencias laborales marcan diferencias claras. De hecho, entre las mujeres y los jóvenes de 25 a 34 años, la falta de tiempo y el estrés son los principales obstáculos para mantener una alimentación equilibrada, una dificultad que se refleja también en el conjunto de los encuestados, ya que un 25,3 % admite que improvisa sus comidas a diario, lo que intensifica la irregularidad de la dieta.
  • En cuanto a la responsabilidad del puesto, entre los directivos de grandes y medianas empresas un 61 % admite que no consigue hacer pausas regulares para comer, y un 68,9 % reconoce que, en muchas ocasiones, acaba saltándose comidas por la carga de trabajo o la acumulación de reuniones.
  • Aunque casi el 49,1 % de los encuestados asegura que organiza sus comidas con antelación y un 42,2 % lleva comida preparada desde casa, el ritmo laboral hace difícil mantener la regularidad y un 53,4 % reconoce que su alimentación empeora por esa razón. El problema se acentúa entre los jóvenes de 25 a 34 años, donde alcanza el 63,9 %, y entre las mujeres, con un 55,6 %.
  • Y finalmente, el teletrabajo aparece como un factor que puede mejorar los hábitos alimentarios, aunque también plantea ciertos riesgos. La mayoría de quienes lo practican lo valora de forma positiva: un 59,8 % afirma que su dieta ha mejorado, y un 61 % ha incrementado el consumo de frutas y verduras. También se observa que el impacto es especialmente alto entre los más jóvenes, con un 62,5 % en el grupo de 25 a 34 años y un 64,6 % en el de 35 a 44, mientras que en el caso de los mayores de 55 años el porcentaje desciende al 46,1 %. En cuanto a los riesgos, un 46,5 % reconoce que desde que teletrabaja pica más entre horas, especialmente en el caso de los menores de 35 años, donde el porcentaje alcanza el 62%. Además, el estudio apunta que el teletrabajo reduce la actividad física global al eliminar los desplazamientos, lo que puede incrementar el riesgo de sedentarismo.

 

Resumen
¿Deberíamos revisar nuestros hábitos alimentarios en el entorno laboral?
Título
¿Deberíamos revisar nuestros hábitos alimentarios en el entorno laboral?
Descripción
El entorno laboral influye de manera decisiva en los hábitos alimentarios y en el bienestar de los equipos. El estrés, la presión, la falta de tiempo o una organización deficiente pueden condicionar no solo qué y cómo se come, sino también la energía, la motivación y el rendimiento.
Autor