Las nuevas instalaciones del Laboratorio Central de Veterinaria del MARM en Algete, recién inauguradas, supondrán un paso adelante para alcanzar cotas más altas de calidad en los trabajos que se allí se realizan en las áreas de sanidad animal y genética molecular. El Laboratorio seguirá cumpliendo y mejorando su función de coordinación y apoyo a […]

Las nuevas instalaciones del Laboratorio Central de Veterinaria del MARM en Algete, recién inauguradas, supondrán un paso adelante para alcanzar cotas más altas de calidad en los trabajos que se allí se realizan en las áreas de sanidad animal y genética molecular.

El Laboratorio seguirá cumpliendo y mejorando su función de coordinación y apoyo a las Comunidades Autónomas, de difusión de información y transferencia de conocimientos y su función de nexo como eslabón entre los laboratorios de la Unión Europea y los de las CCAA.

Identificación y control de filiación en razas ganaderas

También en el área de genética el Laboratorio realiza una importante labor de apoyo del al Programa Nacional de Conservación, Mejora y Fomento de las Razas Ganaderas, centrándose principalmente en el análisis para la identificación y control de filiación en razas ganaderas del país en colaboración con las asociaciones de criadores.

“El nuevo edificio en el que se reubica el Área de Sanidad Animal -señalaba la alcaldesa de la localidad- alberga tanto laboratorios de nivel de seguridad 2 y 3*, como de nivel de bioseguridad 3, lo que va a permitir profundizar en su labor como Laboratorio de Referencia para el diagnóstico de enfermedades a nivel nacional e internacional y en Genética animal, aspectos que tienen una importancia de primer orden para la salud pública y para la conservación y mantenimiento de la diversidad de especies animales”.

Importante apoyo en alertas y grandes crisis sanitarias

El Laboratorio Central de Veterinaria ha venido prestando apoyo a los Servicios Veterinarios en alertas y grandes crisis sanitarias, como en la epizootia de Peste Equina Africana que afectó al centro y sur del país en los años 80, y en la última década en la llamada “crisis de las vacas locas” (Encefalopatía Espongiforme Bovina – EEB) y en la caracterización de enfermedades de gran trascendencia como la Lengua Azul o la Influenza Aviar, poniendo a punto técnicas que han permitido tener respuestas muy rápidas en el diagnóstico y tipificación de los agentes implicados en los diferentes brotes ocurridos en nuestro país.