Por estas fechas, están a punto de llegar los primeros fríos y – quien nos lo iba a decir- parece que echemos de menos los potajes de casa de toda la vida, esos que entoces no nos llamaban demasiado la atención, pero que ahora que ya nadie nos los prepara,  apetecen más que nunca. Pero […]

Por estas fechas, están a punto de llegar los primeros fríos y – quien nos lo iba a decir- parece que echemos de menos los potajes de casa de toda la vida, esos que entoces no nos llamaban demasiado la atención, pero que ahora que ya nadie nos los prepara,  apetecen más que nunca.

Pero por mucho frío y mucho que lo echemos de menos, hay que reconocer que da pereza ponerse a ello: dejar los garbanzos en remojo la noche anterior, comprar espinacas frescas, desalar el bacalao…. por no hablar del tiempo necesario para prepararlo.

Afortunadamente hay algunos truquillos que pueden facilitarnos un poco las cosas. Un potaje de los sabrosos, pero muy sencillo: en un cuarto de hora, listo.

Garnazos y espinacas en conserva

Necesitaremos un par de frascos de mezcla de garbanzos y espinacas, una variedad de la que ya disponen varias marcas. Y una bandejita de bacalao desmigado, que se vende en pequeñas cantidades.

Pasamos por agua los garbanzos en un escurridor, para eliminar los conservantes y aditivos añadidos.  Mientras tanto, ponemos el bacalao en un recipiente, bajo el grifo, con un hilo de agua, mientras preparamos el siguiente paso.

Un sofrito casero

En una cazuela, sofreímos unas láminas de ajo, media cebolla cortada fina, y pimiento verde. Cuando la cebolla esté empezando a ponerse transparente añadimos la mezcla de garbanzos y espinacas y el bacalao, un poco de perejil, y dejamos que se haga unos minutos a fuego lento, removiendo frecuentemente.

Por cada frasco añadimos un vaso de agua con una pastilla de caldo de jamón o de carne, calentado previamente en el microondas. Dejamos que cueza a fuego medio alrededor de 5 minutos. Si nos gusta más caldoso, añadimos más agua.

Con un toque personal

Comprobamos como está de sal (ojo, el bacalao y el caldo ya aportan bastante), rectificamos si es necesario, y añadimos un poco de cúrcuma, una especie hindú que aporta un sabor muy peculiar y sobre todo un color amarillito que le da un aspecto muy casero al plato. Además la cúrcuma tiene unas propiedades estupendas para muchas afecciones, entre ellas para el hígado, lo cual no suele venir mal para recuperar los excesos de la semana.

Opcionalmente podemos añadirle también huevo duro picado, justo al final, un minuto antes de apagar el fuego.

Y nada más: servir y una vez en el plato añadir un chorrito de aceite de oliva virgen y a disfrutar. Sabe ‘casi’ como el potaje de casa.