El año 2026 que ahora iniciamos se presenta como un ejercicio especialmente exigente para la industria de alimentación y bebidas por la persistente inestabilidad e incertidumbre geopolítica global.

Así lo advierten desde la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), añadiendo que la tensión e incertidumbre en el tablero internacional «suponen un punto de desequilibrio para el sector, afectado por las continuas oscilaciones en el plano comercial y el endurecimiento en las políticas arancelarias sobre alimentos y bebidas, además del encarecimiento de los costes energéticos, las materias primas y otros bienes. Una situación que se agrava debido a los efectos del cambio climático y las dificultades sobre las cadenas de suministro”.

Competitividad en un escenario de incertidumbre

En este sentido, desde la Federación consideran que la próxima firma del acuerdo entre la Unión Europea y los países que integran Mercosur supondrá una oportunidad para la industria alimentaria española aunque, eso sí, haciendo hincapié en la importancia de cláusulas espejo que garanticen los mismos estándares de calidad, seguridad y normativas sanitarias y medioambientales europeas para los productos de los países del Mercosur que lleguen a Europa.

“La internacionalización es un pilar fundamental para el sector de alimentación y bebidas, uno de los que más aporta a la balanza comercial de España. Por ello, es vital robustecer la presencia española en el exterior, ahondando en el diálogo con aquellos mercados importantes para el sector, buscando nuevos destinos para los productos españoles e impulsando además el trinomio Alimentación-Gastronomía-Turismo”, explican desde FIAB, que ve como una necesidad imperiosa la vuelta a la estabilidad internacional, y hace un llamamiento a las autoridades europeas y españolas para propiciar un marco que impulse la competitividad de las empresas, con políticas que apuesten por suministros energéticos a precios competitivos, la innovación, que reduzca la burocracia y fortalezca las cadenas de valor y evite la sobrerregulación, la inseguridad jurídica y la elevada fiscalidad.

La sostenibilidad será también otro de los grandes desafíos para las empresas del sector, uno de los más regulados y que afronta el próximo ejercicio con nuevas exigencias medioambientales y otras en constante actualización. A menudo estas normativas varían de un país a otro, lo que genera incertidumbre, disrupciones en el mercado único y costes adicionales en la adaptación de la legislación vigente. Entre otras cuestiones, se deberá afrontar regulaciones sobre envases, como el sistema de depósito y retorno, que exigirá que las empresas adapten su producción y expliquen estos cambios a consumidores, o los trabajos de simplificación de la ley de deforestación.

En el plano laboral, la industria de alimentación y bebidas, con una fuerte implantación en la España Vaciada y mayoritariamente constituida por pymes, continúa generando empleo. A pesar de la resiliencia del sector, preocupa el absentismo laboral. Al mismo tiempo, el sector reclama reforzar los programas de formación ante el gran volumen de vacantes, sobre todo en perfiles de mayor cualificación, para cubrir la brecha entre el mundo académico y las necesidades reales de las industrias, especialmente en un contexto de déficit en el relevo generacional.

En este 2026, una de las grandes apuestas de futuro para el sector de alimentación y bebidas será la integración de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías como la sensórica y la robótica en todos los procesos de la industria, y otros retos como la nutrición personalizada.

Y finalmente, las empresas deberán enfrentarse a la creciente desinformación sobre el sector que supone un problema de reputación para la industria, pero también para los consumidores, dado el perjuicio que los bulos y la información inexacta puede ocasionar sobre sus dietas y hábitos de consumo.

 

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Mantener la competitividad en un escenario de incertidumbre, el mayor reto de la industria alimentaria
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El año 2026 que ahora iniciamos se presenta como un ejercicio especialmente exigente para la industria de alimentación y bebidas por la persistente inestabilidad e incertidumbre geopolítica global.
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