Dados los tiempos de crisis que nos está tocando vivir, hay que ser prácticos y sacar el mayor provecho posible de todo. Incluida la comida, a la que no siempre le damos oportunidades de reciclaje para “rentabilizar” la compra. Por ejemplo, un simple pollo asado, ya sea hecho en casa o de los que compramos […]

Dados los tiempos de crisis que nos está tocando vivir, hay que ser prácticos y sacar el mayor provecho posible de todo. Incluida la comida, a la que no siempre le damos oportunidades de reciclaje para “rentabilizar” la compra.

Por ejemplo, un simple pollo asado, ya sea hecho en casa o de los que compramos en un establecimiento comercial, al que podemos sacar mucho más provecho del que pensamos.

Lo primero,  la piel,  tan tostadita y tan rica. Tiene algo más de colesterol de lo deseado, pero  un día es un día. La separamos, procurando que quede lo más entera posible y la dejamos aparte, reservada.

Las pechugas: las cortamos en tiras, para posteriormente hacer un pollo “tipo chino» ultrarrápido. Una vez troceadas, les añadimos un bote de ensalada china o thai (brotes de soja, mazorquitas de maíz, setas, etc.), muy bien escurrida y lavada. A la sartén con un  chorrito de aceite, otro de cerveza, un toque generoso de salsa de soja, dos o tres cucharadas de la propia salsa del pollo y un pellizco de comino molido. Sin sal, ya que tanto el propio pollo como las salsas contienen suficiente. Dejamos todo a fuego lento unos minutos, para que se mezclen los sabores. Guardamos en el frigorífico, y cuando queramos utilizar este plato, simplemente calentar en el microondas.
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Los muslos: filetearlos finos y guardarlos en la nevera, para cuando nos apetezcan unos  sándwiches de pollo frío, mayonesa y rodajitas finas de pepinillo. El pan, tostado y calentito, de molde o de pan rústico.

Los huesos de los muslos: una vez aprovechada la carne para los sándwiches, limpiar bien, enrollar en ellos varias tiras de bacon y láminas de queso intercaladas y cubrir bien ese relleno con la piel del pollo que habíamos reservado, más o menos tratando de reconstruir la forma original del muslo y sujetando con un palillo si es necesario. Cuando se quieran usar, se calentan en el microondas y listo.

La salsa: la guardamos en un tupper o en un bote bien cerrado. Vale para muchas cosas: para rociar sobre unas simples patatas fritas, como salsa para unas lonchas de fiambre tipo lacón, pavo, jamón york, etc., para echar por encima de una tortilla de patatas…a gusto del consumidor.