Un proyecto europeo está trabajando para incrementar la escala del cultivo de cuatro microalgas y lanzar al mercado nuevos productos atractivos para el consumidor. Y es que el eficiente crecimiento y alto valor nutritivo de este alimento lo convierten en una excelente alternativa frente al incremento de la demanda mundial de proteína más sostenible.

El proyecto, ProFuture, está coordinado por el IRTA, Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias dependiente de la Generalitat de Cataluña y cuenta con la participación de más de treinta socios europeos en una colaboración única entre investigadores, pequeñas y medianas empresas, grandes empresas y asociaciones con experiencia en diferentes campos relacionados con el desarrollo de alimentos a partir de fitoplancton.

Y es que, ante la perspectiva de que la población mundial crezca rápidamente, el mundo está buscando proteínas alternativas que puedan satisfacer las próximas demandas de alimentos y proteínas de manera sostenible y las microalgas han sido señaladas como una de las candidatas más prometedoras para afrontar este reto, debido al alto potencial de su valor nutricional y huella ambiental. Sin embargo, para que la cadena de valor de las microalgas se vuelva más sostenible y competitiva, se deben implementar tecnologías innovadoras y procesos de producción rentables, y esa es precisamente la misión central de este proyecto.

Fitoplancton para alimentar a la población del futuro

Agua salada, bicarbonato, un puñado de minerales e, imprescindible, una dosis generosa de luz y calor. A la espirulina le basta bien poco para crear proteína del sol. Siguiendo una receta tan sencilla como la fotosíntesis, crece un microorganismo que contiene niveles insospechados de nutrientes. Con hasta un 60 % de proteína, además de ácidos grasos saludables, fibras, vitaminas o antioxidantes, las microalgas como la espirulina se perfilan como una oportunidad estratégica para blindar la sostenibilidad y la seguridad alimentaria mundial.

Este tipo de organismos, similares a las plantas e invisibles para el ojo humano, viven en suspensión en aguas dulces y saladas desde hace 3500 millones de años. Son el fitoplancton. A pesar de ser la base ancestral de muchas cadenas tróficas, apenas está presente en las dietas antrópicas. Hoy en día, pocas especies tienen luz verde de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) para consumo humano, un selecto club que incluye Chlorella vulgaris, Tetraselmis chui o Arthrospira platensis, más conocida como espirulina, la más cultivada en todo el mundo.

“Aún estamos aprendiendo, hay muchas incógnitas. El olivo hace miles de años que se cultiva y mejora, la espirulina sólo desde hace sesenta años”, reconoce Joan Solé, director del proyecto. Por su parte, Massimo Castellari, investigador en el IRTA, comenta que “las microalgas son una fuente minoritaria de proteína, todavía estamos en los albores de su cultivo industrial”. En Europa, gran parte de las microalgas en el mercado se importa de China, el mayor productor mundial, mientras que las cifras de producción propia son bajas. Además, según un informe de la UE, dentro de ese volumen sólo una minoría de los productores europeos se centran en la alimentación humana. Sin embargo, cada vez son más los que reorientan la apuesta.

Las pruebas piloto ya están en marcha. Una de las líneas consiste en seleccionar genéticamente cepas con los rasgos más convenientes en la industria, como un alto contenido proteico, un crecimiento más rápido o un color claro. Es decir, distinguir a los organismos con mejor rendimiento para reproducirlos y, de alguna manera, recuperar el tiempo perdido. Paralelamente, se implantan prototipos tecnológicos como la inyección de CO2 en el agua para acelerar el metabolismo de las microalgas. La optimización de los cultivos también radica en reducir la energía necesaria en las fases de concentración, recolección y deshidratación de la biomasa. Por eso, en ProFuture se apuesta por incorporar paneles y hornos solares, un método más barato y verde que los actuales. En esta línea, se explorarán también técnicas de economía circular, como solubilizar residuos del cultivo de insectos como sustrato para las microalgas.

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Alimentos enriquecidos con fitoplancton para alimentar a la población del futuro
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Alimentos enriquecidos con fitoplancton para alimentar a la población del futuro
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Un proyecto europeo está trabajando para incrementar la escala del cultivo de cuatro microalgas y lanzar al mercado nuevos productos atractivos para el consumidor. Y es que el eficiente crecimiento y alto valor nutritivo de este alimento lo convierten en una excelente alternativa frente a la demanda mundial de proteína más sostenible.
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