Durante siglos, el tapón de corcho ha sido el cierre por excelencia para el tapamiento de los mejores vinos, el sistema escogido por más del 70% de los elaboradores de vino de todo el mundo y utilizado para tapar más de 12.000 millones de botellas cada año.

En la actualidad, recientes estudios de mercado llevados a cabo por Cork —iniciativa que engloba a instituciones del sector del corcho para promocionar este tipo de tapón— en ocho mercados internacionales del vino demuestran que la elección del consumidor para el tapamiento de vinos y espumosos es el tapón de corcho, opción que consideran como sinónimo de calidad.

Los mercados sometidos a análisis —Estados Unidos (93% de los consumidores), Australia (85%), Alemania (93%), China (89%), Brasil (80%), Francia (83%), Italia (80%) y España (92%)— muestran unanimidad de percepción entre los encuestados, y la gran mayoría elige el tapón de corcho como sinónimo de calidad y seguridad del vino.

En este sentido, desde Cork comentan que “el tapón de corcho proporciona al vino y cava el cierre perfecto, ya que se adapta al cuello de la botella gracias a la elasticidad y compresibilidad de este material natural”, añadiendo que “el tapón de corcho contribuye a enriquecer el perfil organoléptico del vino y del cava aportando un gran valor añadido, a la vez que permite que éste evolucione y madure, aspecto muy importante que solo posibilita el tapón de corcho”.

Sostenibilidad

Pero además, el tapón de corcho cuenta con las mejores credenciales ambientales entre todos los tapamientos que existen y es el único cierre 100% sostenible a lo largo de su ciclo de vida, desde su extracción hasta su reciclaje, pasando por la preparación y fabricación.

Estudios pioneros en España han medido la huella de carbono del corcho y la valoración de los servicios ambientales que ofrecen los bosques de alcornoques, árbol del que se extrae el corcho. Los resultados han sido contundentes: la industria del corcho está contribuyendo a mitigar el cambio climático, puesto que se fija mucho más CO2 del que se emite en la producción de tapones de corcho. Por cada tonelada de corcho convertida en tapones el balance final es de 14,6 toneladas de CO2 fijado (capturado). Dicho de otra manera, cada tapón de corcho producido fija 234g de CO2.

Además, el bosque alcornocal es uno de los 35 santuarios de biodiversidad que existen a nivel mundial, hábitat de una fauna y flora de gran valor, considerado un gran patrimonio natural. Los alcornoques posibilitan también la prevención de incendios y asisten en la regulación del ciclo hidrológico o el control de la desertificación, entre otros.

El descorche o la saca del corcho

Pero ¿cómo se obtiene ese material único, que tras unos sofisticados procesos de producción se convertirán en el mejor cierre del próximo vino que abramos y disfrutemos?

El ciclo de vida del corcho en cuanto a materia prima comienza con la extracción de la corteza de los alcornoques, la llamada ‘saca del corcho’, que se realiza en la fase de máxima intensidad del periodo de crecimiento vegetativo del alcornoque, entre mediados de mayo y junio hasta mediados/finales de agosto. No obstante, este periodo puede variar en función del tiempo o cancelarse en caso de viento o lluvia.

Son necesarios aproximadamente 25 años para realizar la primera saca del corcho del tronco del alcornoque, ya que es cuando el árbol tiene el tamaño requerido para la extracción. En el primer descorche se obtiene un corcho de estructura muy irregular y de una dureza que resulta muy difícil de trabajar. Se le denomina ‘corcho bornizo’, y será utilizado en aplicaciones como pavimentos o paneles aislantes, pero nunca en tapones de vino, ya que no cumple con la calidad necesaria.

Entre nueve y catorce años después, según la zona, se produce el segundo descorche, del cual se obtiene un material llamado ‘corcho segundero’, que cuenta con una estructura regular menos dura pero aún no es válido para la producción de tapones.

Es en la tercera saca —cuando el alcornoque tiene entre 40 y 50 años— y en las siguientes, cuando se logra obtener el corcho con las propiedades adecuadas para la producción de tapones de calidad ya que éste presenta una estructura mucho más regular con costados y bases lisas. Es el denominado ‘corcho de reproducción’. A partir de este momento, el alcornoque proporcionará corcho de buena calidad cada 9 a 14 años. Su explotación durará un promedio de 200 años, lo que equivale a unas 14 o 15 sacas de corcho.

El descorche del alcornoque es un proceso ancestral que debe realizarse por profesionales y se ejecuta en seis etapas:

  • Abrir. Se golpea el corcho en sentido vertical escogiendo la hendidura más profunda de las ranuras de la corteza. Al mismo tiempo se va ladeando el filo del hacha para separar la plancha de la capa madre. Es posible calcular el grado de dificultad de cada extracción debido al golpe del hacha. Si se aplica un buen golpe se produce un sonido hueco típico del rasgamiento. Si por el contrario se da un mal golpe, el hacha produce un sonido corto, firme y seco.
  • Separar. Justo después se separa la plancha a través del corte de hacha entre la parte interior de la plancha y el entrecasco. Luego se ejecuta un corte ladeando el hacha entre el tronco y el corcho que se pretende separar.
  • Trazar. Con un corte horizontal se delimita el tamaño de la plancha del corcho que se sacará y la que se quedará en él.
  • Extraer. Se retira cuidadosamente la plancha del árbol para no partirla. Cuanto más grandes sean las planchas más aumenta su valor comercial y, por tanto, mayor debe ser la destreza y la habilidad de los descorchadores. Una vez se retira la primera plancha se repite esta operación para dejar desnudo todo el tronco.
  • Quitar. Después de la extracción de las planchas se mantienen adheridos algunos fragmentos de corcho a la base del tronco. Para quitar posibles parásitos que queden en la cuña del alcornoque, el descorchador da algunos golpes con el ojo del hacha.
  • Marcación. Finalmente se marca el árbol, indicando el año en el que se realizó la extracción.

Después del descorche las planchas de corcho son apiladas en el bosque o en astilleros dentro de las instalaciones de alguna fábrica. Todas las planchas se apilan siguiendo reglas propias y muy restrictivas —definidas por el Código Internacional de Prácticas Corcheras (CIPR)— para que el corcho logre una estabilización óptima. De acuerdo con el CIPR, el tiempo de reposo de las planchas nunca debe ser inferior a los seis meses y tras este periodo el corcho entra en la cadena industrial.

Nuevas líneas de futuro

Actualmente el Instituto Catalán del Corcho (ICSURO) está llevando a cabo nuevas líneas de investigación sobre el potencial del corcho como transmisor de aromas positivos.

A través de una serie de talleres de cata olfativa de aromas del corcho, los trabajos del ICSURO realizados hasta el momento indican que el tapón de corcho puede contener aromas vegetales y frutales, cómo es el caso de la menta, la vainilla, la madera, el eucaliptus o el pino, entre otros.

Esta capacidad del tapón de corcho abre un nuevo abanico de posibilidades y opciones, en las que el tapón podría aportar aromas al vino y al cava, como viene haciendo la barrica de roble. De este modo, el tapón de corcho aportaría aún más valor añadido en su contribución a la evolución y conservación del vino.

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Así es el descorche o la saca del corcho que tapará los mejores vinos
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Así es el descorche o la saca del corcho que tapará los mejores vinos. Durante siglos, el tapón de corcho ha sido el cierre por excelencia para el tapamiento de los mejores vinos, el sistema escogido por más del 70% de los elaboradores de vino.
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