El Celler de Can Roca (Girona), tres estrellas Michelín y reconocido el pasado año 2013 como el mejor restaurante del mundo por la prestigiosa lista The World’s 50 Best Restaurants, ha perdido la posición de cabeza y pasa al segundo puesto, desbancado por el danés Noma (Copenhague), de René Redzepi, quien recupera el título que […]

El Celler de Can Roca (Girona), tres estrellas Michelín y reconocido el pasado año 2013 como el mejor restaurante del mundo por la prestigiosa lista The World’s 50 Best Restaurants, ha perdido la posición de cabeza y pasa al segundo puesto, desbancado por el danés Noma (Copenhague), de René Redzepi, quien recupera el título que ya disfrutó durante dos años consecutivos (2012 y 2011).

Respecto a los otros representantes españoles, Mugaritz (Rentería, Guipúzcoa), de Andoni Luis Aduriz baja también dos puestos, del número 4 al 6; Arzak mantiene el puesto octavo que ocupaba el pasado año; Quique Dacosta baja del número 26 al 41; Azurmendi, de Eneko Atxa entra en la lista directamente en el puesto número 26, al igual que Martín Berasategui, que entra en puesto número 35; y finalmente, Asador Etxebarri sube diez puestos, situándose en el 34.

Herencia de la tradición

El Celler de Can Roca es heredero del original Can Roca, una sencilla y honesta casa de comidas tradicional, regentada por los padres de los actuales propietarios del Celler, los hermanos Roca. Un sencillo bar situado en un barrio humilde, que pasado el tiempo vio como gracias al esfuerzo, el ingenio y el talento, la popular casa de comidas se convertía en uno de los templos de la gastronomía de vanguardia.

Porque hablar del Celler de Can Roca es, sin ninguna duda, hablar del trabajo continuo y perfectamente coordinado de tres hermanos: Joan Roca, en su calidad de chef, Josep al cargo de la sala como maitre y sumiller y Jordi que ejerce como chef de pastelería. La última remodelación de este restaurante, realizada por el mismo estudio de interiorismo que ha diseñado algunos locales más de moda en Barcelona, ha logrado mantener la esencia del encanto rústico del anterior local, pero permitiendo a la vez que la sala haya ganado en confort, iluminación, acústica y encanto general.

La nueva sala principal está dispuesta en un formato triangular, acristalada en su mayor parte, tanto por su espacio exterior con vistas al jardín de entrada, como por el interior hacia otra pequeña zona también ajardinada, con un estilo casi oriental que al alejar de la vista a los comensales vecinos, crea un cálido ambiente de intimidad entre los asistentes.


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