En 2011 la UNESCO proclamó en París la fecha del 30 de abril como el Día Internacional del Jazz, una celebración a la que se unieron doscientos países para sensibilizar a todas las personas de los beneficios de este estilo musical inigualable que ha enamorado a todas las culturas, religiones y razas desde su nacimiento en Luisiana a finales del siglo XIX.

Un género considerado como el más óptimo para unir sociedades, romper barreras y fomentar la igualdad, de modo que los organismos oficiales evocan constantemente al jazz como motor de paz, una manera de expresarse libremente rompiendo barreras y fomentando la tolerancia, reduciendo tensiones culturales y promoviendo la innovación y creatividad.

Y, aprovechando la cercanía del Día Internacional del Jazz, Hoteles Center —que vive en el Hotel Casa Fuster cada jueves, desde hace once años, una cita jazzística, acompañada de una propuesta gastronómica—, ha querido compartir una serie de claves para disfrutar de este estilo musical como un auténtico experto.

El jazz estimula. Sea nuestro género favorito o no, conviene saber que el jazz puede ayudar a reducir nuestros niveles de estrés y agilizar la memoria. Su historia, ligada a la esclavitud, consigue conectar con la parte más emocional de cualquier oyente. La técnica innegable, que debe ir ligada a la magia de la improvisación de cada músico consigue, también, estimular no solo a quien hace crear estas melodías, sino a quien lo escucha.

El jazz ‘sazona’ la comida. Comer a ritmo de jazz es una experiencia mucho más placentera para los sentidos de lo que uno puede imaginar. El psicólogo Charles Spence realizó un estudio en Oxford para analizar los estímulos que recibimos con la comida. La conclusión fue que, con el jazz, el sushi o la cocina vanguardista que mezcla distintas técnicas culinarias y une diferentes sabores en un solo bocado, trasladan al individuo a un viaje sensorial más allá de la simple experiencia gastronómica o de los acordes emitidos por una pieza de jazz.

Clave en muchos cambios históricos. No es ningún secreto que el jazz nació como una forma de comunicación secreta entre esclavos, un canal histórico hacia la libertad. A lo largo de los siguientes años fue convirtiéndose incluso en un vehículo de liberación para las mujeres, que también comenzaron a interactuar en el mundillo artístico con trabajos en discográficas, publicidad y otros puestos antes solo asignados al género masculino. Además, integró en los años 20 elementos de la cultura afroamericana no aceptados anteriormente, y muchos artistas de raza negra sobrepasaron barreras inimaginables. El jazz consiguió ser una llave de cambio y evolución y ser el comienzo del reconocimiento de la cultura negra americana.

Su influencia en la literatura. Los estilos literarios han ido evolucionando gracias, en una buena parte, a la influencia del jazz. Los convencionalismos en la escritura, la forma de narrar historias, la poesía e, incluso, los medios de comunicación, sucumbieron al género. No solo había constantes referencias a ese tipo de música, sino que la forma de escribir, más ágil, más emocional y más profunda, evocaba la forma de ser del jazz.

Imprescindible para la música actual. No importa qué género esté de moda o sea el más aclamado. Los artistas más reconocidos cuentan, en sus discos, en sus directos y entre su equipo, con músicos con maestría en el género jazzístico. El pop, el rock, e incluso el rap o el hip hop tienen influencia de este estilo, y los cantantes también improvisan y disfrutan haciéndolo.

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Jazz y comida, un dúo muy sabroso
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En 2011 la UNESCO proclamó el 30 de abril como el Día Internacional del Jazz, una celebración a la que se unieron doscientos países para sensibilizar a todas las personas de los beneficios de este estilo musical.
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