Actualmente la utilización de flores comestibles en la cocina es una tendencia al alza, de modo que cada día más cocineros las incorporan a sus creaciones, aportando una serie de sabores y texturas sorprendentes. Una de las compañías que está comercializando con gran éxito este tipo de elemento culinario es la malagueña Sabor y Salud […]

Actualmente la utilización de flores comestibles en la cocina es una tendencia al alza, de modo que cada día más cocineros las incorporan a sus creaciones, aportando una serie de sabores y texturas sorprendentes.

Una de las compañías que está comercializando con gran éxito este tipo de elemento culinario es la malagueña Sabor y Salud Axarquía, que en temporada alta produce alrededor de 80.000 flores al mes, que son vendidas en nuestro país y exportadas a otros como el Reino Unido, Holanda o Austria.

Según su director general, Peter Knacke, las flores en la cocina no sólo se utilizan como un elemento bonito o decorativo, sino que cada variedad aporta un juego diferente de sabores y texturas con la idea de sorprender al cliente final.

«La persona que prueba el plato tiene que sorprenderse al descubrir un sabor que reconoce en una textura que es desconocida para él. Mucha gente conoce el sabor de la menta, pero ignora que su flor puede aportar el mismo sabor», indicaba Peter Knacke, quien añadía que su compañía produce  aproximadamente treinta variedades de flores comestibles.

Formas y sabores para todos los gustos

Las variedades que cuentan con más demanda en estos momentos son la de la borraja, con una bonita forma de pequeña estrella azul y un sabor muy similar al del pepino, el tagete, de color amarillo naranja y con un sabor que se sitúa entre el de la piel de naranja y el del jengibre y la salvia cassis, de sabor muy parecido al de la zarzamora.