El libro ‘Dalí y yo’ desvela cómo la idea de los famosos ‘relojes blandos’ de Dalí representados en una de sus obras más célebres, ‘La persistencia de la memoria’ (1931), le vino comiendo quesos Camembert.

Parece ser que, ya desde muy niño, al genial pintor español Salvador Dalí (1904 – 1989) le llamaba la atención el mundo de la gastronomía. Según solía contar en algunas de sus entrevistas, “a los seis años quería ser cocinero, a los siete quería ser Napoleón y desde entonces, mi ambición no dejó de crecer, al igual que mi delirio de grandeza”.

Más tarde, en su etapa como reconocido artista, la comida seguía siendo para él una buena afición: “Cocinar y pintar son artes afines. Cuando cocino, añado un poco de esto y un poco de aquello. Es como si mezclase los colores”, le gustaba comentar.

Y lo que ya claramente une estas dos aficiones es el hecho, reconocido por él mismo, de que la idea de sus famosos ‘relojes blandos’ representados en una de sus obras más célebres, La persistencia de la memoria (1931), le vino comiendo quesos Camembert: “Podéis estar seguros de que los famosos relojes blandos no son otra cosa que el queso Camembert del espacio y el tiempo, que es tierno, extravagante, solitario y paranoico-crítico”, declaró en una ocasión el artista de Figueras.

Quesos Camembert, leitmotiv

En un pasaje del libro Dalí y yo. Una historia surreal, su autor, Stan Lauryssens, narra la siguiente escena:

«Eran los primeros años de la década de 1930. Gala sentada al lado de Dalí, levantaba la vista hacia el reloj. Dalí estaba absorto ante un pequeño cuadro de 24 x 33 cms. Aquella noche habían cenado un delicioso queso Camembert y los restos estaban todavía sobre la mesa. Gala bostezaba. Eran las cinco de la mañana. Dalí le decía: «vete a la cama cariño. Dalí irá cuando este cuadro esté listo. Necesita una imagen sorprendente que haga de esto una pintura surrealista». De pronto, en un destello de originalidad, se le ocurría la idea de fundir el reloj de pared y el Camembert en una sola imagen».

«Nadie será capaz de olvidarlo mientras viva»

Más adelante, Lauryssens relata también la representación de la genialidad del pintor: «Cuando Gala despertaba, Dalí la hacía situarse frente al caballete: «Mantén los ojos cerrados. Ahora, ábrelos. Mira lo que ha hecho Dalí. ¿No es horrible?» Gala respondía: «Nadie que vea este cuadro será capaz de olvidarlo mientras viva”».

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Los famosos 'relojes blandos' de Dalí eran quesos Camembert
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Los famosos 'relojes blandos' de Dalí eran quesos Camembert
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El libro 'Dalí y yo' desvela cómo la idea de los famosos ‘relojes blandos’ de Dalí representados en una de sus obras más célebres, La persistencia de la memoria (1931), le vino comiendo quesos Camembert.
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