El Conocimiento Ecológico Tradicional (CET) se postula como una herramienta clave para la adaptación de los ecosistemas agrarios y pesqueros al cambio climático.
Se trata de un sistema de saberes ecológicos de naturaleza experiencial, adquirido a través de la práctica directa sobre el terreno y transmitido de generación en generación dentro de un mismo grupo cultural. Su carácter acumulativo y colectivo lo convierte en un recurso estratégico para entender los cambios ambientales y desarrollar respuestas ajustadas a las realidades locales.
Así lo reivindican desde Alimentta, think tank para la transición alimentaria, que ha presentado su proyecto Vía Sabía, que recoge la voz de productores del campo y del mar que, junto a un comité científico, han trabajado para comprender las necesidades de adaptación al cambio climático y aportar soluciones desde la investigación participativa y el sector primario.
Saberes ecológicos tradicionales
El proyecto aporta diversas claves para comprender los efectos del cambio climático en el campo y en el mar— la alteración de los suelos, el agua, los fondos marinos y las corrientes, el consenso sobre el aumento de la temperatura en el agua y el aire, el impacto de estos cambios en la productividad de los ecosistemas, el agravamiento de las tensiones sociales y económicas en el sector productivo y la necesidad de modificar prácticas, estrategias y materiales para adaptarse a los nuevos desafíos ambientales— y propone una serie de acciones como hojas de ruta para orientar la investigación y las políticas públicas, entre las que destacan:
La protección de la agricultura familiar y la pesca de pequeña escala, sostenible y de cercanía, el refuerzo del acceso a financiación justa y el fomento del trabajo colectivo, esenciales para garantizar la resiliencia del sector primario frente al cambio climático y las amenazas del mercado global.
El impulso de los sistemas alimentarios locales y sostenibles, que valoricen productos autóctonos y refuercen la autonomía alimentaria, para construir territorios más resilientes y justos.
Una gestión del agua adaptativa, equitativa y eficiente, porque permitiría asegurar el acceso sostenible de este elemento imprescindible, en un contexto de cambio climático.
La conservación de ecosistemas agrarios y marinos, la regeneración de suelos y la protección de zonas vulnerables, pilares fundamentales para reforzar la resiliencia de los territorios productivos.
La formación de agricultores y pescadores en adaptación climática y la sensibilización de la ciudadanía sobre el impacto de sus decisiones de consumo, que son esenciales para construir un futuro más sostenible.
La revisión del uso de nuevas tecnologías y la promoción, en su caso, de alternativas más adecuadas, para contribuir a una adaptación sostenible del sector agrario y pesquero al cambio climático.



