La flota bonitera del País Vasco está teniendo serios problemas en su campaña de esta temporada. Las malas condiciones climatológicas están provocando por una parte dificultades para permitir que los barcos se adentren en la mar y por otra que la especie no llegue en las cantidades habituales a nuestras costas. La preocupación entre los […]

La flota bonitera del País Vasco está teniendo serios problemas en su campaña de esta temporada. Las malas condiciones climatológicas están provocando por una parte dificultades para permitir que los barcos se adentren en la mar y por otra que la especie no llegue en las cantidades habituales a nuestras costas.

La preocupación entre los arrantzales vascos va en aumento. En los últimos días, muchos barcos que deberían haber partido de puertos tan emblemáticos en la pesca del bonito como Guetaria han preferido no hacerlo o si lo han hecho han vuelto de vacío tras el intento.

Las últimas capturas con entidad se produjeron hace ya casi dos semanas, con el añadido de ser, además, capturas de ejemplares grandes, de un peso entre los 8 y 9 kilos, cuya venta en las lonjas no ha logrado sobrepasar los 5 euros kilo.

A estas dificultades hay que sumar el hecho de que dadas las carencias en la zona costera local, muchos barcos deben desplazarse hasta zonas más alejadas, como Galicia o las Azores, con el consiguiente incremento en los gastos de combustible que este hecho conlleva y la lógica repercusión en la rentabilidad final de las capturas.

 

Una especie muy estacional

El bonito es una especie estacional, que sólo se pesca durante los meses de verano. La flota sale a la mar desde el mes de junio hasta septiembre en busca del mejor Bonito del Norte, que en la zona del País Vasco se realiza exclusivamente con artes tradicionales que garantizan su extraordinaria calidad y frescura.

Solo puede vivir a temperaturas entre 14 y 20 grados, lo que explica su particular ciclo migratorio: En invierno vive en las profundidades del océano Atlántico, en el triángulo que forman las islas Canarias, Madeira y Azores. En verano suben hasta el norte y llegan hasta Islandia siguiendo peces gregarios, sobre todo sardinas y anchoas. Aquí engordan y vuelven a bajar al triángulo donde desovan y viven de las reservas y placton. Los nuevos bonitos tardan un año en salir de aquí.

Capturas artesanales

Mientras que las flotas gallegas y asturianas utilizan principalmente la técnica del curricán, las del País Vasco y Cantabria emplean el cebo vivo. Son dos artes tradicionales que utilizan la caña y el anzuelo. Esto significa que el bonito se pesca uno a uno, permitiendo seleccionar aquellos ejemplares de mejor calidad. Asimismo, estas técnicas no implican capturas accidentales de otras especies ni deterioran el fondo marino.