El envejecimiento activo y saludable consiste en desarrollar y mantener a edades avanzadas la capacidad funcional que haga posible el bienestar, y que estará condicionado por las capacidades físicas y mentales de la persona, el entorno en el que vive, las relaciones que establece, y cómo se relacionan todos estos factores.

Es una de las principales conclusiones que se deducen del estudio El papel de la nutrición en el envejecimiento activo de la población, realizado por FontActiv —marca de suplementos nutricionales para adultos y mayores de Laboratorios Ordesa— y el Riskcenter Research de la Universitat de Barcelona (UB) sobre una muestra de más de 1.500 personas con el objetivo de analizar el estado de salud y los hábitos relacionados con la nutrición de las personas a partir de los 65 años en España, conocer sus hábitos nutricionales y sociales y, de esta forma, diseñar un perfil del avance del envejecimiento de la población, su comportamiento y las consecuencias derivadas en el ámbito de la salud, la economía u otras áreas asociadas.

La alimentación de los más mayores

Y las conclusiones más destacadas de esta investigación son:

  • El 13 % de los mayores de 65 años no disfrutan comiendo y un 17 % no tiene el apetito regulado, es decir, no comen a las horas estimadas para hacerlo. Esta situación se puede dar por las diversas limitaciones que algunas personas experimentan con la edad y que les plantean dificultades a la hora de hacer la compra, principalmente por problemas de movilidad o accesibilidad de la vivienda, o para preparar la comida.
  • Otros problemas que pueden afectar a la nutrición de los más mayores son las limitaciones sensoriales como los problemas de olfato (8 %), la pérdida del gusto (4 %), dificultades para masticar (14 %) o para hacer la deglución de los alimentos (10 %), situaciones que se detectan especialmente a medida que avanza la edad. Un 9 % muestra también problemas de intolerancia o alergia a algún nutriente, y el porcentaje es más acusado (22 %) en aquellos casos de limitación para evitar interacciones con alguna medicación.
  • Mayoritariamente, la alimentación de los adultos mayores es bastante sana y equilibrada. El uso del aceite de oliva está muy extendido (un 96 %) y preferiblemente optan por el consumo de los alimentos frescos. La mayoría consumen legumbres como mínimo una vez a la semana y más de dos piezas de fruta al día, y sólo un 3 % declara que no come ni verduras, ni hortalizas. No es habitual el consumo de carne roja, salchichas, hamburguesas o embutidos, y suelen optar más por el consumo de carne de pollo, pavo o conejo. Además, toman pescado de forma frecuente.
  • El consumo de agua está generalizado y una amplia mayoría (80 %) declaran no tomar nunca bebidas azucaradas. Sin embargo, prácticamente la mitad de los mayores de 65 años confiesan tomar bollería no hecha en casa una vez a la semana y el 24 % más de tres veces a la semana.
  • Los suplementos nutricionales en forma de batido son conocidos por el 45 % de la población mayor de 65 años, aunque solo un 21 % aproximadamente de los que los conocen los ha tomado alguna vez. El consumo es más frecuente en la población a partir de los 75 años y de las mujeres. De las personas que los han consumido alguna vez, un 35 % aproximadamente lo han hecho por primera vez con 70 o más años.

Del estudio se extraen también una serie de recomendaciones respecto a la salud para lograr y ayudar a la población a tener un envejecimiento más activo, como por ejemplo:

  • La necesidad de facilitar tanto el acceso a los alimentos como a su cocinado.
  • Adaptar la dieta y las recomendaciones nutricionales teniendo en cuenta la patología del paciente.
  • Establecer hábitos preventivos basados en una alimentación saludable.
  • Promover la práctica de ejercicio físico adecuado.

El estudio completo puede consultarse aquí.

Resumen
Problemas que pueden afectar a la alimentación de los más mayores
Título
Problemas que pueden afectar a la alimentación de los más mayores
Descripción
El envejecimiento activo y saludable consiste en desarrollar y mantener a edades avanzadas la capacidad funcional que haga posible el bienestar, y que estará condicionado por las capacidades físicas y mentales de la persona, el entorno en el que vive, las relaciones que establece, y cómo se relacionan estos factores.
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