Ayer jueves, 22 de noviembre, representaciones de la localidad zaragozana de Cariñena, y de la valenciana de Requena, defendían en la Asamblea de la Red Europea de Ciudades del Vino (RECEVIN) en Bruselas su candidatura a Ciudad Europea del Vino 2025.
El nombramiento como Ciudad Europea del Vino es un título que otorga cada año la Red Europea de Ciudades del Vino (RECEVIN), con el que se pretende dar a conocer la cultura, paisaje, gastronomía y patrimonio de la ciudad elegida a través de actividades culturales, formación y sensibilización. Las candidaturas deben tener una dimensión europea y demostrar creatividad, siguiendo criterios la implicación del máximo número de actores económicos y sociales del territorio o la creación de un proyecto catalizador para el desarrollo de la ciudad.
Cariñena, Ciudad Europea del Vino 2025
Y finalmente, tras las presentaciones de ambas candidaturas ayer jueves en Bruselas, la Red Europea de Ciudades del Vino (RECEVIN) ha elegido a Cariñena (Zaragoza) como la Ciudad Europea del Vino 2025, destacando sobre esta candidatura “la adecuación de la propuesta presentada por Cariñena, que, además, ha integrado desde un punto de vista muy amplio y original la faceta histórica, cultural y patrimonial del territorio en el proyecto”.
En este sentido, la presidenta de RECEVIN, Rosa Melchor, comentaba: “La ciudad elegida, en este caso Cariñena, nos representará a todos durante 2025, igual que lo hicieron, en el caso español, las otras ciudades que ya fueron Ciudad Europea del Vino en anteriores ediciones: Cambados (Pontevedra), Jerez de la Frontera (Cádiz) y Aranda de Duero (Burgos)”.
Durante los doce meses en que se ostenta el título de Ciudad Europea del Vino se desarrollan numerosas acciones y actividades culturales, formativas y de sensibilización, encaminadas a dar a conocer el patrimonio, el paisaje y la gastronomía del destino elegido, teniendo como hilo conductor el mundo del vino. Así, esta iniciativa se convierte en una excelente herramienta de potenciación y promoción turística, en la que se reconoce una candidatura que proyecta la cultura del vino y las tradiciones del territorio vitivinícola, contribuye a preservar los recursos naturales y paisajísticos que hacen del vino un producto de calidad y permite consolidar vínculos con otras regiones europeas.


