El 31 de diciembre pasado entró en vigor el nuevo reglamento europeo que modifica los criterios de reciclado del vidrio, con el objetivo principal de que este deje de ser considerado como un residuo, sino que por el contrario la normativa contribuya a asegurar una segunda vida para las botellas y otros recipientes de vidrio. […]
El 31 de diciembre pasado entró en vigor el nuevo reglamento europeo que modifica los criterios de reciclado del vidrio, con el objetivo principal de que este deje de ser considerado como un residuo, sino que por el contrario la normativa contribuya a asegurar una segunda vida para las botellas y otros recipientes de vidrio.
Los criterios fueron elaborados por el Joint Research Centre, JRC (Centro Común de Investigación) con sede en Bruselas y establecen que los desperdicios de vidrio deberán cumplir con las especificaciones o normas que hagan que puedan utilizarse directamente en la producción de sustancias u objetos de vidrio mediante su refundición. Los criterios imponen límites a la cantidad de contaminantes tales como metales, compuestos orgánicos y piedras, de forma que puedan ser clasificados como materia prima secundaria.
El concepto de ‘no residuo’ pretende estimular a los mercados europeos de reciclaje creando una seguridad jurídica, eliminando las cargas administrativas innecesarias e impulsando materias primas secundarias seguras y limpias a partir del proceso residual. El JRC ha establecido igualmente los criterios técnicos que determinan cuando un material recuperado de residuos deja de ser inútil y puede tratarse como ‘otro producto’ o como ‘materia prima’.
Mejorar los criterios anteriores
En el pasado, la falta de criterios claros y armonizados dio como resultado una situación en la que algunos países de la UE desarrollaron marcos legales diferentes y no siempre compatibles para regular la recuperación de los materiales. Por lo tanto, el JRC h proporcionado una metodología para el desarrollo de criterios uniformes en toda la Unión Europea y ha realizado un estudio inicial para evaluar la idoneidad de los criterios de ‘no residuo’ para un gran número de flujos de materiales.
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