Aunque a menudo pensamos en la alimentación solo en términos de nutrientes o energía, el tipo de alimentos que servimos en la mesa también influye, y mucho, en cómo responde nuestro cuerpo ante las altas temperaturas, ayudando a regular la temperatura corporal y mantenernos hidratados en los días más calurosos.
Así lo asegura la profesora en el Grado en Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Francisco de Vitoria, María Belén Ruiz-Roso, que explica que debemos tener en cuenta que, ante temperaturas elevadas, el organismo activa sus mecanismos de termorregulación, como la sudoración, lo que conlleva una pérdida considerable de agua y sales minerales como sodio, potasio y magnesio, y cuando no se reponen adecuadamente, pueden aparecer síntomas como fatiga, calambres, mareos, confusión mental e incluso complicaciones más graves como un golpe de calor.
Combatir la ola de calor
Además, según María Belén Ruiz-Roso, en situaciones de altas temperaturas hay una redistribución del flujo sanguíneo hacia la piel para disipar calor. Esto puede provocar digestiones más lentas, molestias, náuseas o pesadez si la comida es copiosa o rica en grasa. Por eso, una alimentación adecuada puede convertirse en una herramienta clave para prevenir estos efectos, mejorar la hidratación y favorecer el bienestar general durante estos días sofocantes.
Y para sentirnos mejor durante una ola de calor, la profesora de la Universidad Francisco de Vitoria ofrece una serie de consejos sobre alimentación y, por supuesto, hidratación:
Frutas de temporada. En los meses más calurosos, tenemos opciones como la sandía, el melón, las fresas, el melocotón o el higo que se cultivan en nuestro país y se encuentran en su mejor momento nutricional durante estos meses. Aportan agua, potasio, fibra y compuestos que ayudan a proteger el cuerpo en verano. Por ejemplo, la sandía es 92 % agua, hidrata y contiene citrulina, un aminoácido que puede favorecer la circulación. Y las ciruelas y melocotones ayudan a regular el tránsito intestinal, que a menudo se altera en verano por el calor, el cambio de rutinas o los viajes.
Hortalizas ricas en agua. El pepino, con un 97 % de agua en su composición, el tomate o el calabacín son perfectos aliados para contribuir a la hidratación, en ensaladas, cremas frías o incluso licuados. Son ligeros, refrescantes y ayudan a reponer líquidos y minerales.
Recetas tradicionales del verano. El gazpacho, por ejemplo, es una fórmula perfecta de hidratación, sales minerales y antioxidantes en un solo plato, que podemos consumir cada día.
Lácteos fermentados. Yogur, kéfir o similares aportan agua, electrolitos y proteínas fáciles de digerir. Además, ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal, algo fundamental para el bienestar general, especialmente en verano.
Evitar las bebidas azucaradas y alcohólicas. Aunque puedan parecer refrescantes, las bebidas azucaradas aportan calorías vacías de nutrientes, suelen dar una falsa sensación de hidratación y no reponen eficazmente los líquidos perdidos. Además, el alcohol favorece la eliminación de líquidos en el organismo incrementando la deshidratación.
Evitar comidas copiosas y ricas en grasa. En los días de mucho calor, el cuerpo digiere peor. Las comidas copiosas, rica en grasas o muy procesadas generan más calor interno y hacen que el sistema digestivo trabaje el doble. Por eso, optar por platos fríos, ligeros, ricos en vegetales y frutas enteras no solo apetece más, sino que realmente sienta mejor.
No saltarnos comidas. Aunque el calor reduzca el apetito, mantener una alimentación regular y equilibrada es clave para conservar la energía, el equilibrio de líquidos y el bien funcionamiento del cuerpo, especialmente en niños, mayores o embarazadas.


