El comisario Europeo de Agricultura y Desarrollo Rural Dacian Cioloş, ha inaugurado en la localidad italiana de Bra el año académico de la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo (promovida bajo la filosofía Slow Food), una institución que, en opinión del comisario, está llevando a cabo una serie de proyectos que refuerzan los objetivos de […]

El comisario Europeo de Agricultura y Desarrollo Rural Dacian Cioloş, ha inaugurado en la localidad italiana de Bra el año académico de la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo (promovida bajo la filosofía Slow Food), una institución que, en opinión del comisario, está llevando a cabo una serie de proyectos que refuerzan los objetivos de la Política Agrícola Común europea.

“La agricultura y la gastronomía están profundamente unidas y nuestras alternativas por una de ellas no pueden sino condicionar la calidad de la otra. Es justo por este motivo por lo que los proyectos que lleva a cabo esta Universidad son, además de notables, sobre todo complementarios con la Política Agrícola Común, por cuanto refuerzan los principios sobre los que deseamos insistir para lograr su reforma. Y en particular me refiero a una mejor organización de la producción, de la calidad de los productos agrícolas y de la sostenibilidad. Estos, a mi entender, son y han de seguir siendo los puntos clave para el crecimiento y el desarrollo del futuro de nuestra agricultura. Juntos hemos de decidir el tipo de agricultura que queremos”.

Esta era la apelación que realizaba Dacian Cioloş durante la ceremonia de inauguración. Por su parte, el presidente de Slow Food y de esta Universidad, Carlo Petrini, confirmaba el discurso del comisario: “La necesidad de estas políticas se corresponde con la exigencia de tutela de un patrimonio inmenso que los pueblos del continente advierten cada vez más como bien común al que dar su debida importancia. La sensibilidad común sitúa en el centro de atención la cuestión ambiental, la defensa de la biodiversidad, la superación de ignominias e injusticias, una atención a la renta de los campesinos, de los pescadores y del variado mundo de la producción a través de un justo precio y un apoyo público vinculado a prácticas virtuosas”

Mayor conciencia y sensibilidad en la sociedad civil

Y si es verdad que el valor económico del sector agrícola constituye uno de los principales capítulos del balance de la Unión, como también ha destacado el Comisario europeo, es indispensable desarrollar una mayor conciencia y sensibilidad en la sociedad civil, frente a un patrimonio que se caracteriza por la amplia diversidad de intereses, recursos, lugares, historia, economías y saber hacer.

“Para acometer el cambio necesario, los nuevos modelos alimentarios y agrícolas deberían incorporar el saber tradicional a los sistemas de conocimiento científico, activando una potente innovación. Bien visto esta ha sido justamente la percepción más importante de Slow Food y de la gran labor de Terra Madre, que desde su principio dirige las ideas y guía las prácticas de esta pequeña Universidad” recalcaba Carlo Petrini.

Más de 1.000 alumnos de 60 naciones

encuentro-Ciolos-Petrini-2Y el éxito de esta percepción se ve confirmado por el de la academia de Pollenzo: “En sólo ocho años de vida han sido más de mil los estudiantes que han frecuentado los cursos de la Universidad de Ciencias Gastronómicas, reuniendo a alumnos provenientes de más de 60 naciones”, explicaba Piercarlo Grimaldi, Rector de la institución, que concluía: “a día de hoy el 74% de los diplomados se halla empleado, con una media del 60% que encontró trabajo dos meses después de la diplomatura”.

La centralidad de la comida y de la producción alimentaria es hoy más evidente que nunca; Petrini y Cioloş están de acuerdo en recalcar la dimensión cultural, ambiental, social y política tanto como la económica. Y la extraordinaria complejidad de la cultura gastronómica es la base fundadora del Ateneo de Pollenzo que, según lo respaldado por el Comisario europeo en su intervención, invita a reflexionar sobre la condición particular del trabajo del agricultor: no sólo una actividad económica y productiva, sino también una práctica que influye en el ambiente, la salud y la colectividad.

El futuro de la pequeña agricultura, en peligro

El futuro de la agricultura de pequeña escala está en peligro, y hasta ahora las actuales disposiciones para el desarrollo rural se han mostrado inadecuadas para satisfacer sus exigencias. La población envejece y son cada vez menos los jóvenes comprometidos con el sector agrícola: en Europa, entre el 2000 y el 2007 los agricultores con menos de 35 años han disminuido de manera drástica, con picos del 42%. En Italia por cada emprendedor agrícola menor de 35, hay 15 con más de 65 años de edad.

La introducción de los “pagos verdes” es un novedad relevante y entre los criterios para su asignación juega un papel de importancia capital la rotación de los cultivos, fundamental para ayudar a los agricultores a mejorar su capacidad de resiliencia ambiental garantizando la fertilidad del suelo, una menor dependencia de los pesticidas y un beneficio agronómico y económico para la empresa agrícola a medio plazo.

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