El próximo día 1 de abril entra en vigor la limitación de la presencia de grasas trans en los alimentos que se comercialicen en la Unión Europea, siempre y cuando no estén presentes de manera natural en ellos, fijando el límite para la presencia de estas grasas en dos gramos por cada 100 gramos de grasas presentes en los ingredientes.

La nueva normativa cumple con la recomendación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en cuanto a que que la ingesta de ácidos grasos trans debe ser lo más baja posible en el contexto de una dieta adecuada desde un punto de vista nutricional, una sugerencia que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya lanzó en 2018 cuando solicitó la eliminación de las grasas trans en la producción industrial de alimentos.

“Se limitan los ácidos grasos trans porque se ha demostrado, a lo largo de numerosos estudios, que son realmente muy negativos para la salud porque inducen a enfermedad cardiovascular, diabetes y otras comorbilidades asociadas a enfermedades crónicas”, explica Ángel Gil, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), puntualizando que esta noticia no debe inducirnos a error y que o podemos meter en el mismo saco a todas las grasas.

Los tipos de grasas

En este sentido, y con el objetivo de informar al consumidor, Ángel Gil ha querido explicar los distintos tipos de grasas, dónde se encuentran y sus efectos sobre nuestra salud:

  • Las grasas trans se forman cuando el aceite vegetal pasa por un proceso llamado hidrogenación. Era frecuente que estas grasas trans aparecieran en productos como margarinas y en productos utilizados en pastelería para generar una grasa de consistencia sólida, aunque prácticamente han desaparecido de la dieta de los europeos.
  • Las grasas saturadas. Las organizaciones internacionales, entre ellas la EFSA, recomiendan que su consumo sea reducido. En general, organismos como la OMS indican que debiéramos tomarlas en un porcentaje menor del 10 % de la energía. Son las típicas grasas presentes en alimentos de origen animal, aunque también las podemos encontrar en las vegetales. Algunos aceites vegetales, como el de palma y el de coco, tienen una cantidad muy elevada de ácidos grasos saturados.
  • Las grasas insaturadas son las que los expertos califican como las ‘saludables’ y de las que encontramos dos tipos fundamentales: unas grasas insaturadas que contienen los ácidos grasos esenciales linoleico y linolénico en cantidades relativamente importantes, que encontramos de forma preferente en los aceites vegetales, incluidos los aceites de oliva pero, además, hay una grasa insaturada muy importante que es el ácido oleico que está presente en el aceite de oliva y que es el componente mayoritario de todas nuestras células. Tenemos aproximadamente un 40 % de ácido oleico en nuestras membranas.

Sobre este último punto, el catedrático de la Universidad de Granada explica que ni siquiera diferenciando los distintos tipos de ácidos grasos presentes en un aceite vegetal podemos hacernos una idea precisa de sus efectos para la salud, ya que nos falta un elemento en la ecuación que son los compuestos bioactivos, presentes también en estos aceites vegetales y que son los que marcan la diferencia.

“El caso de los aceites de oliva, particularmente del aceite de oliva virgen, es importantísimo. Hay una fracción que se denomina insaponificable y dentro de ella hay una cantidad elevada de tocoferoles que tienen actividad de vitamina E; pero hay también otros compuestos como polifenoles, terpenos, escualeno… Compuestos bioactivos que ejercen una función muy beneficiosa para el organismo. El consumo de aceite de oliva, especialmente de aceite de oliva virgen, contribuye a regular el colesterol y aumentar el colesterol ‘bueno’, que disminuye la incidencia de enfermedad cardiovascular”, explica Ángel Gil.

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Insaturadas, saturadas, trans… Las grasas y sus efectos sobre la salud
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Insaturadas, saturadas, trans… Las grasas y sus efectos sobre la salud
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El 1 de abril entra en vigor la limitación de grasas trans en los alimentos comercializados en la UE, siempre que no estén presentes de manera natural, fijando el límite de estas grasas en dos gramos por cada 100 gramos de grasas presentes en los ingredientes.
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