A diferencia de las ceremonias de entrega de los Oscar o los Emmy, unos espectáculos que los invitados presencian sentados en las butacas del correspondiente teatro, en el caso de los Globos de Oro lo hacen acomodados alrededor de una magnífica mesa redonda del Hotel Beverly Hilton, a la espera de la lujosa cena ofrecida […]

A diferencia de las ceremonias de entrega de los Oscar o los Emmy, unos espectáculos que los invitados presencian sentados en las butacas del correspondiente teatro, en el caso de los Globos de Oro lo hacen acomodados alrededor de una magnífica mesa redonda del Hotel Beverly Hilton, a la espera de la lujosa cena ofrecida por la organización, la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood.

El menú que los 1.300 asistentes a la entrega de los Globos de Oro, considerados como la antesala de los Oscar, disfrutaron anoche, corrió a cargo de la plantilla gastronómica del Beverly Hilton, el chef ejecutivo Suki Sugiura y el chef repostero Thomas Henzi, ambos apoyados en su labor por 40 chefs y más de un centenar de cocineros.

De aperitivo, Imperial de Moet & Chandon

De entrada, en el momento mismo en que pisaron la alfombra roja, los recién llegados fueron homenajeados con mini botellas del tradicional Imperial de Moet & Chandon, el champagne oficial desde hace 21 años.

El menú, una ‘sinfonía global de sabores’

Ya en la mesa, el menú, que su creador Suki Sugiura ha definido como ‘una sinfonía global de sabores’, estaba compuesto por un entrante de ravioli relleno de pistacho crujiente acompañado de rúcula salvaje, tomate ahumado, compota de kabocha (calabaza japonesa) y queso burrata; un plato principal compuesto por rodaballo del Pacífico marinado en una salsa de miso y sake con una guarnición de setas de cardo, costilla de ternera estofada con un ragú de hierbas y setas en una crema ligera de jerez y jengibre y acompañado con patatas a la brasa y verduritas.

Un postre bañado por copos de oro

Como postre, el maestro repostero Thomas Henzi preparó una terrina de chocolate con crocante de almendras y miel de acacia, bañado por copos de oro comestible de 23 quilates junto a una bola de helado de chocolate blanco rociado con oro en polvo.

El chocolate provenía Suiza, la miel de Francia, las avellanas de Italia y la pasta de almendras de España. Y para que no faltara detalle, todo ello regado por un Grand Vintage 2002 de Moet & Chandon.