“El consumo de vino crece el mercado nacional. Sin embargo, en los años 70 este consumo se situaba en 40 litros por persona al año, cifra que se ha ido reduciendo hasta los 21 litros en la actualidad, dato que está muy por debajo de los que cabría esperar para un país productor y de gran tradición vinícola como es España. Aunque la crisis de la última década puede tener algo que ver, no cabe duda de que hay factores sociales detrás de estas cifras”.

Con estas palabras comenzaba Manuel Pimentel —ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, además de Ingeniero Agrónomo y Máster en Ingeniería y Gestión Medioambiental— su conferencia perteneciente al Ciclo de las Bodegas Williams & Humbert en la que analizó los nuevos paradigmas de consumo, derivados de estos cambios sociales, y los retos que estos plantean a las Bodegas, los cooperativistas, los viticultores y los Consejos Reguladores.

Cambios sociales y consumo de vino

La intervención de Manuel Pimentel sobre los cambios sociales en el consumo del vino se resume en los siguientes puntos:

Una sociedad urbana que consumirá naturaleza e idealizará lo natural. Ningún producto simboliza lo rural, como el vino. Esta tendencia de asociar el vino con la naturaleza y con el terreno, jugará a favor de las Denominaciones de Origen. La nueva sociedad no querrá un vino a secas, sino un vino de una comarca y unir las características organolépticas de ese vino a las costumbres y a la cultura de la tierra que lo parió. Esta sensibilidad por lo natural exigirá además sostenibilidad en los procesos de transformación y crianza.

Una sociedad obsesionada por la salud, lo saludable, la calidad de vida, el estar en forma y que aspira a la eterna juventud. El vino, a diferencia de otras bebidas, está adornado de atributos saludables que se deberán potenciar. El vino tinto ha realizado una campaña sobre sus ventajas antioxidativas y cardiovasculares. En ese sentido, la crianza biológica bajo velo de flor de los vinos generosos, merece un esfuerzo de investigación a este respecto.

Una sociedad que valora el ocio y lo prioriza. Para los millenials, tan importante es la vida profesional como el compatibilizarla con la personal y familiar. El vino ganará en consideración como bebida estelar de los actos sociales, de agasajo y ocio, pero perderá cotidianidad: no se beberá cualquier vino cualquier día, sino un buen vino los días especiales, vinos asociados a la calidad y que evoquen un propio relato. El enoturismo será una tendencia al alza. Y en este apartado, el Marco de Jerez es potencia mundial. El auge de la gastronomía y el gran número de adeptos con los que cuenta, es otro aliado importante para el vino. En esta línea, el jerez tiene mucho avanzado y le queda gran camino por recorrer.

Una sociedad con hábitos solitarios que precisará socializarse. La tertulia diaria es cosa del pasado. El consumo de vino pasará de ser algo cotidiano, a algo lúdico y valorado. Agasajamos con vino y por eso se busca la calidad, la diferenciación, el prestigio, la definición de la personalidad. Y la DO es un atributo fundamental de diferenciación y calidad. El vino como regalo es otro aspecto fundamental. Las sociedades gastronómicas, los clubs de amantes del vino mantendrán su poder aglutinador. El consumo crece en el canal HoReCa y en los supermercados, pero con mayor intensidad en la hostelería, reflejo de nuestros hábitos de salir a comer y a beber a la calle. Tampoco hay que descartar el consumo doméstico de calidad, siguiendo esa corriente de los países nórdicos y centroeuropeos del movimiento hyggie, la felicidad de las pequeñas cosas y los placeres que ofrece el hogar. Sin olvidar el olvidar el potencial que suponen los 60 millones de turistas que nos visitan cada año.

Una sociedad a la que le atrae la cultura del vino. Consumirá tanto el alimento como la cultura que conlleva. La nueva sociedad no beberá vino sólo por sus atributos organolépticos o placer gastronómico, también lo hará para participar de la cultura y los valores que simboliza. En este sentido, ningún alimento posee los atributos culturales que tiene el vino, lo que lo convierte en todo un tesoro a gestionar. En los vinos del Marco de Jerez, nuestros tipos, nuestra enología, en su presentación, queda todavía un mundo de posibilidades por explorar. Durante décadas hemos abandonado muchos códigos generales del vino en pos de la uniformidad derivada de nuestros sistemas de criaderas y soleras, que jamás se deben abandonar, pero sí complementar y enriquecer. Es importante que el Consejo continúe con las innovaciones necesarias, como concederle mayor protagonismo a la tierra, al pago o explicar mejor nuestros singulares procesos enológicos y de todas las actuaciones emprendidas, lo verdaderamente importante es la convicción de los interesados en el Marco en innovar y avanzar manteniendo las esencias irrenunciables de unos vinos únicos.

Una sociedad digital que toma sus decisiones de consumo en Internet y que es al tiempo consumidor y prescriptor. El vino tendrá que dar la batalla en el espacio digital, encontrar su hueco y correlacionar su imagen virtual con su consumo real. Se regalará más vino en el futuro e internet será la mayor de las vinotecas.

Una sociedad que exige calidad y diferenciación, un consumidor que quiere ser especial. El consumidor exige mayor calidad, mayor diferenciación, mayor variedad, para ajustar el consumo a su propio gusto. Quiere sentirse especial y está dispuesto a pagar por ello. Este deseo de diferenciación ha permitido a algunas DO ofrecerse como alternativa a otras con un monopolio cuasi histórico. En cuanto a esta diferenciación, los vinos generosos, de crianza biológica son una rareza enológica, que presentan un nuevo mundo por descubrir, otorgan un halo de diferenciación. Para lo bueno y para lo malo, el vino de Jerez es diferente. Una diferencia que hay que saber gestionar.

Una sociedad que envejece y que se hará más diversa. El envejecimiento de la población es una certeza. Otra variable a considerar es la inmigración, la cual nos lleva gestionar esa diversidad de nuevos potenciales consumidores de vino.

Una sociedad que no consume productos, sino que participa en el relato que lo envuelve. El consumidor ya no compra productos, sino las historias que estos representan. El marketing ha pasado de la imagen de marca a la historia de marca. El Consejo es responsable de crear y vender el relato de la DO y el bodeguero, el relato de su propia marca. El sector debe saber trabajar con inteligencia su propio relato.

Resumen
Título
La incidencia de los cambios sociales en el consumo del vino
Descripción
Resumen de la conferencia del ex ministro Manuel Pimentel en el Ciclo de las Bodegas Williams & Humbert en la que analizó la incidencia de los cambios sociales en el consumo del vino.
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