La imagen que tienen de las conservas refleja un producto de consumo rápido y ocasional, ya sea como aperitivo o como ingrediente en la elaboración de un plato sencillo, como ensalada o pasta. Una imagen que los consumidores más jóvenes han heredado y hacen suya.

A una gran mayoría de los consumidores les atrae probar cosas nuevas. Un reciente estudio de Nielsen revela que a un 63% de las personas les gusta que las marcas introduzcan novedades y un 57% han adquirido un producto nuevo durante su última compra. Por ello, desde la consultora de innovación Lantern aseguran que “les ha llamado la atención el inmovilismo y la poca evolución que ha sufrido el sector de las conservas de pescado” y se han propuesto investigar qué ocurre en esta categoría de productos y, fundamentalmente, qué opinan los consumidores al respecto.

El sector de las conservas en cifras

En España, el consumo general de pescado se ha reducido progresivamente en los últimos siete años. Sin embargo, según datos del Ministerio, en 2016 consumimos una media de 4,51 kilos de conservas de pescado —incluyendo ahumados— por persona y año. Comparando los datos con el año anterior, la compra de conservas ha crecido un 0,8% y también ha aumentado el precio medio, que se sitúa en 9,34€/kg. De hecho, el pescado y moluscos en conserva son los más consumidos después del producto fresco y el único grupo con tendencia de crecimiento en los últimos años dentro de la categoría de pescados. Además de contar con un consumo en ligero crecimiento, la industria cuenta con buenos números.

Según datos de 2016 de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados, ANFACO-CEOPESCA, el sector lo forman 260 empresas que dan empleo a más de 15.000 personas y producen 344.000 toneladas al año. Respecto a las distintas variantes, el atún es claramente el rey con más del 50% de la cuota de consumo, seguido de lejos por los mejillones (6,5%) y las sardinas (6,1%).

Estudio con Millenials

En la elaboración de este estudio, desde Lantern han planteado varias cuestiones, como qué opinan los consumidores de este producto, cuáles son sus preocupaciones o si podemos detectar las tareas no resueltas. Para esta breve investigación exploratoria, acotaron el campo de estudio a un segmento de población concreto, los denominados Millenials. Para ello reclutaron a siete jóvenes menores de 30 años a los que les gustaran las conservas y con cierto interés por la gastronomía. Y las principales conclusiones obtenidas de este pequeño estudio son:

  • La imagen que tienen de las conservas refleja un producto rápido de consumo ocasional como aperitivo o ingrediente de un plato de elaboración sencilla.
  • Los jóvenes han heredado el concepto de conserva como producto de consumo rápido y ocasional, ya sea como aperitivo o como ingrediente en la elaboración de un plato sencillo, como ensalada o pasta.
  • Es precisamente la conveniencia el valor que más asocian, ya que está accesible en el lineal, no requiere frio, su caducidad es larga y es un fondo de armario que les salva de muchos apuros.
  • A pesar de ello —o quizá por eso mismo— no lo consideran un producto de alta calidad y no tienen reparo en acudir a marcas blancas, salvo si la ocasión lo merece.
  • Los momentos de consumo son siempre sociales, por distintos motivos no se plantean abrir una lata para ellos solos, pudiendo tener este gesto incluso connotaciones negativas.
  • Llama la atención que los millennials, considerados una generación de early adopters en muchos aspectos, no se muestran interesados en probar nuevos productos en conserva, aunque reconocen que sí lo harían tras una recomendación favorable de su entorno.
  • Esta es una generación muy visual y queda patente también cuando hablamos de conservas. Si para unos es fundamental poder ver una imagen fiel del producto que van a consumir, otros se decantan por una estética muy trabajada.
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Las conservas, un sector con mucho potencial entre los más jóvenes
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La imagen que tienen de las conservas refleja un producto rápido de consumo ocasional como aperitivo o ingrediente de un plato de elaboración sencilla. Una imagen que los consumidores más jóvenes han heredado.
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