En cualquier época del año, pero especialmente ahora, en verano, cuando las necesidades de hidratación aumentan, los especialistas recomiendan adaptar la dieta de modo que la hidratación forme parte de la nutrición, ayudando al organismo no sólo a hidratarse sino a nutrirse.

Con una media del 60% de peso del cuerpo humano, el agua es el principal componente de nuestro organismo. Pero, dependiendo de la edad existen variaciones en el porcentaje de agua corporal entre las personas, dependiendo de la edad, el sexo y la cantidad de tejido adiposo. De hecho, el contenido en agua del organismo disminuye con la edad: si en los recién nacidos suele estar próximo al 80%, en los ancianos puede haberse rebajado hasta el 45%.

Los profesionales recomiendan consumir entre uno y dos litros de líquidos al día, de forma continuada, sin esperar a notar que tenemos sed, de modo que deberíamos beber líquidos incluso cuando no tenemos sed. En adultos sanos, una deshidratación próxima al 3% conlleva efectos negativos en la atención y el procesamiento de información, o en la capacidad de reacción a los estímulos visuales. Del mismo modo las tareas psicomotoras que requieren habilidades de coordinación se ven perjudicadas, según un estudio realizado por el departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Universidad de Barcelona.

El aumento de la fatiga y del sueño o la aparición de dolores de cabeza, también son algunas de las consecuencias de la deficiencia en la hidratación, y a pesar de que los ancianos y los niños representan los grupos más vulnerables, también existe riesgo en jóvenes. El aumento de la fatiga y del sueño o la aparición de dolores de cabeza, también son causados por la falta de hidratación, y a pesar de que los ancianos y los niños representan los grupos más vulnerables, también existe riesgo en jóvenes sanos. Así mismo, se ha constatado que con niveles de deshidratación superiores al 2%, la memoria a corto plazo también se puede ver afectada, tanto en niños como en adultos y por supuesto en personas de edad avanzada.

Los mayores, los más vulnerables

La salud cardiovascular también puede verse afectada gravemente por la falta de líquidos en el organismo, según se deduce de un estudio sobre Hidratación elaborado por la Universidad Complutense de Madrid, en el que se indica que la deshidratación dificulta la presión arterial y aumenta el esfuerzo cardiovascular, que afecta principalmente a las personas mayores con un cuadro clínico más complejo. Una deshidratación superior al 10% precisa de asistencia médica, ya que, a partir de este valor, la temperatura del cuerpo aumenta rápidamente.

Para evitar la deshidratación es fundamental mantener el cuerpo hidratado continuamente, con los alimentos y bebidas más adecuados. En las “Recomendaciones de bebida e hidratación para la población española” se recoge que, para mantenernos hidratados, debe darse prioridad a beber agua y también se indica que un vaso de zumo, al día, puede ayudar a la hidratación. Además, los zumos de frutas son fuente de nutrientes importantes, como minerales, vitaminas y otros compuestos antioxidantes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda el consumo de frutas y hortalizas y la asociación española ‘5 al día’, que promueve el consumo de al menos cinco piezas de frutas y verduras, considera que un vaso de zumo de frutas al día puede ayudarnos a alcanzar la ingesta de cinco raciones de frutas y verduras. Por su parte, desde Asozumos sugieren la incorporación de un vaso de zumo al día para alcanzar una dieta sana y equilibrada, ya que además de contribuir al consumo de frutas, ayuda a la mejora de la hidratación de toda la familia este verano.

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Los mayores, el colectivo más vulnerable a la deshidratación
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El contenido en agua del organismo disminuye con la edad: si en los recién nacidos suele estar próximo al 80%, en los ancianos puede haberse rebajado hasta el 45%.
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