Si la morcilla es una de nuestras ‘debilidades’ pero por razones de dieta o salud debemos evitar la grasa y el consiguiente aumento del colesterol que esta genera, hay una receta muy sencilla que emula el sabor de la auténtica morcilla, pero en versión vegetariana y por lo tanto, mucho más sana. Se necesitan un […]

Si la morcilla es una de nuestras ‘debilidades’ pero por razones de dieta o salud debemos evitar la grasa y el consiguiente aumento del colesterol que esta genera, hay una receta muy sencilla que emula el sabor de la auténtica morcilla, pero en versión vegetariana y por lo tanto, mucho más sana.

Se necesitan un par de chalotas (o cebollas), una berenjena, piñones, aceite de oliva, sal, pimienta blanca, pimentón dulce y orégano.

Picamos las chalotas y la berenjena (sin quitarle su piel negra -que le aporta el color característico- en trocitos muy pequeños. Los freímos en aceite de oliva, añadiendo unos cuantos piñones, una cucharadita de orégano, la sal, el pimentón dulce y  la pimienta.

Dejamos hacer y cuando todo el conjunto esté blandito, lo picamos aún más con una espumadera, hasta que alcance la textura de una pasta. Dejamos escurrir en un colador, para que suelte el exceso de aceite y ya podemos usar esa pasta para untar rebanadas, rellenar piquillos, rellenar una lasaña, etc.

No es exactamente una morcilla de Burgos, pero sorprende el parecido.

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