Philippe Rochat es probablemente el chef suizo más reconocido en la actualidad. Nacido en 1953 en Le Sentier, hijo de un empleado de ferrocarril y de madre italiana, Rochat es hoy por hoy una de las personalidades más populares de Suiza. Su restaurante, L’Hotel de Ville, en la localidad de Crissier en el cantón de […]

Philippe Rochat es probablemente el chef suizo más reconocido en la actualidad. Nacido en 1953 en Le Sentier, hijo de un empleado de ferrocarril y de madre italiana, Rochat es hoy por hoy una de las personalidades más populares de Suiza.

Su restaurante, L’Hotel de Ville, en la localidad de Crissier en el cantón de Vaud, se encuentra situado por encima del lago Lemán y se ha convertido en el escenario de una cocina depurada que perpetúa el espíritu del legendario Fredy Girardot –anterior propietario- alcanzando cimas de perfección.

Después de sus primeros trabajos en diferentes restaurantes locales, completa su formación en algunas de las mejores instituciones hoteleras de Zurich, como el Baur au Lac o el Savoy Baur. En 1980 comienza a trabajar con Fredy Giradet en el entonces Girardethaus –para algunos considerado como el mejor restaurante del mundo– llegando a ejercer como su segundo, al cargo de la cocina.

Giradet decide vender

En 1996 Giradet, a los 60 años, decide retirarse y le vende el establecimiento a Rochat y a su esposa Franziska Rochat-Moser, una  ex atleta suiza de maratón que más tarde fallecería como consecuencia de una avalancha de nieve durante una travesía de esquí por los Alpes.

Al suceder a Fredy Girardet, Philippe Rochat estaba obligado a perpetuar una determinada filosofía de la cocina que podría resumirse en una palabra: pureza. Pureza en los sabores, en los productos y, en consecuencia, rechazo de todo tipo de aditivo. Rochat no cree en las combinaciones interminables de ingredientes. Le bastan dos o tres sabores para construir una serie de platos intensos, rotundos, recurriendo sencillamente a los mejores productos y tratándolos sin artificio para que den lo mejor de sí.

Una carta de sabores únicos

Como demostración, nada mejor que sus navajas del Adriático con rebozuelos y cebollas moradas al apio de monte, sus zamburiñas y bígaros estofados con hinojo silvestre, su Teppapanyaki (a la plancha en japonés) de buey wagu con sésamo negro, o sus cigalas de Guilvinec salteadas con alcachofas violetas de Italia y aderezadas con una reducción a base de hibisco. En su opinión, todo lo que se añada está de más.

La oferta de la carta se compone de más de 50 platos diferentes que se van modificando según la temporada, siempre a base de unos magníficos aperitivos fríos y calientes, pescados, mariscos, carnes, aves, vísceras, caza, los llamados productos extrafinos como el mejor caviar osietra o trufas blancas y negras y una cuidada selección de quesos locales frescos que Rochat acompaña de un pan de fabricación propia, con la masa fermentada especialmente para cada servicio, según sus necesidades y requerimientos.