Aunque la respuesta más evidente al titular es que todos deberíamos saber beber con la suficiente responsabilidad como para no traspasar el límite, si por alguna razón —casi siempre de tipo social— eso no es posible, existen algunas buenas recomendaciones para evitar en la mayor medida posible los “daños colaterales”.

Lo cierto es que hay personas que beben como si estuvieran preparando a conciencia la peor resaca del mundo. En un reciente artículo de la edición online de The Times la periodista Kate Spicer, especializada en vida social, recordaba haber asistido a una boda en la que un grupo de bebedores empedernidos estaban alegremente entregados a una mezcla de oporto, brandy, coca cola y licor de arándano, intentando además convencer al resto de los invitados de que se trataba del cóctel de moda.

Amargo mejor que dulce

Ese tipo de combinaciones son un claro ejemplo de lo que uno no debería beber, sobre todo si ya se llevan algunas copitas encima. Para empezar, evite cualquier cosa dulce. El azúcar juega un papel clave en la cruel sensación de deterioro físico que deja una resaca. Una bebida con sabor agrio o amargo hará menos probable que le apetezca beber una gran cantidad de líquido de forma seguida. Las bebidas dulces, por el contrario, le apetecerán más y le animaran a tragos más largos.

En estas circunstancias deberíamos aprender de la cultura italiana con su buena costumbre de alargar la noche a base de Campari con soda y una rodaja de naranja.

Pruebe también con la cerveza, sobre todo las amargas y ligeras. Además de su sabor más difícil, la cerveza tiene por sí misma bastante menos graduación alcohólica que cualquier otra bebida, especialmente las que todos conocemos como más suaves, una Coronita o una Carling.

La información está en la botella

Y por último, adquiera la buena costumbre de echar un vistazo a las etiquetas de las botellas, donde por ley debe venir siempre indicada la graduación alcohólica de la bebida. Si hablamos de vinos, siempre puede elegir uno de 12 grados en lugar de otros que llegan a los 14 o 15. Cervezas hay muchas con 4,5 grados, pero ojo, también las hay de 6, 7 y hasta 8 grados. Y sobre todo, mucho cuidado con los destilados, especialmente con alguna ginebra que alcanza los 46 grados, cuando la mayoría anda por los 39 ó 40.

Aunque no lo parezca, con una media de tres copas en una noche, estas diferencias harán que se sienta como si hubiera tomado, al menos, una más.

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Saber beber cuando ya se ha bebido
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Saber beber cuando ya se ha bebido
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Aunque la respuesta más evidente es que todos deberíamos saber beber con la suficiente responsabilidad como para no traspasar el límite, si por alguna razón eso no es posible, existen algunas buenas recomendaciones.
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