Los vinos de Jerez, únicos en el mundo, sólo se producen en la región vitivinícola del Marco de Jerez, situada en el triángulo formado por las localidades de Jerez del Frontera, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María y abarca, además las localidades de Chiclana, Chipiona, Puerta Real, Rota, Trebujena y Lebrija.

Una comarca que atesora más de 3.000 años de tradición enológica, a lo largo de los cuales ha desarrollado métodos de elaboración propios y singulares. Sus privilegiadas condiciones climatológicas propician el cultivo de tres variedades de uva: Palomino, de la que se obtienen vinos secos, Pedro Ximénez y Moscatel, ambas utilizadas para vinos dulces.

Los orígenes

Según la Denominación de Origen Vinos de Jerez, las primeras referencias sobre estos vinos las ofrece Estrabón, geógrafo griego del siglo I a.C., quien escribe que las vides jerezanas fueron traídas a la región por los fenicios alrededor del año 1100 a.C. Los yacimientos arqueológicos de origen fenicio del Castillo de Doña Blanca, situados a 4 kms. de Jerez y en los que se han descubierto varios lagares para la elaboración de vino, confirman que fueron los mismos fundadores de la antigua Gades (Cádiz) los que llevaron hasta estas tierras el arte de cultivar la vid y elaborar el vino, desde las lejanas tierras del actual Líbano.

Desde Xera, nombre que dieron los fenicios a la región donde hoy se ubica Jerez, este pueblo de comerciantes producía vinos que luego eran distribuidos por todo el Mediterráneo, especialmente en Roma.

Los tiempos de Sherish

En el año 711 da comienzo la dominación árabe en España, que en el caso de Jerez habría de durar más de cinco siglos. Durante todo este tiempo, Jerez siguió siendo un importante centro de elaboración de vinos, a pesar de la prohibición coránica de consumo de bebidas alcohólicas.

La producción de pasas y la obtención de alcohol con distintos fines (perfumes, ungüentos…) y el uso del vino con fines medicinales actuaban en cierta forma como excusas para el mantenimiento del cultivo de la vid y de la elaboración de vino. De hecho, en el año 966 el Califa Alhaken II decidió, por razones religiosas, arrancar el viñedo jerezano. A este anuncio contestaron los jerezanos que las uvas se dedicaban a elaborar pasas para alimentar a las tropas en su Guerra Santa, lo cual era parcialmente cierto, y consiguieron que sólo se descepara un tercio del viñedo.

De 1150 data el mapa de la región diseñado por el geógrafo árabe Al Idrisi para el rey Roger II de Sicilia, que se conserva en la Bodelian Library de Oxford. En él puede apreciarse claramente el nombre que los árabes dieron a la ciudad de Jerez, y que no es otro que Sherish.

La Reconquista

En 1264, el monarca castellano Alfonso X reconquista Jerez, que se convierte en frontera —de ahí su nombre cristiano: Xeres de la Frontera—, con el reino nazarí granadino. La ciudad vivió años de luchas encarnizadas, de espadas y de sangre, durante los cuales la repoblación de hombres y cultivos se haría indispensable y en los que la Corona repartía determinados lotes de tierra en base al prestigio social y a los méritos alcanzados. Fue precisamente, según cuenta la tradición, uno de los hombres más significativos de la época, Fernán Ibáñez Palomino, quién diera nombre al tipo de uvas que luego serían características de la zona: la uva palomino.

Para entonces, e incluso ya en el siglo XII, los vinos de Jerez eran comercializados y apreciados en Inglaterra, donde eran conocidos con el nombre árabe de la ciudad, “Sherish”. Sin embargo, los vinos se popularizan en este país cuando Enrique I propuso a los jerezanos una operación de trueque, lana inglesa por vino de Jerez, al objeto de desarrollar las manufacturas nacionales. Las viñas de Jerez se convierten entonces en una fuente de riqueza para el Reino, de modo que Enrique III de Castilla, por una Real Provisión de 1402, prohíbe que se arranque una sola cepa, e incluso se llega a prohibir la instalación de colmenas cerca de las viñas para que las abejas no dañen el fruto.

En 1264, con la reconquista por el rey Alfonso X el Sabio, Jerez se convierte en frontera (de ahí su nombre) con el reino nazarí granadino. La creciente demanda de vinos de Jerez por parte de comerciantes ingleses, franceses y flamencos, obliga al Cabildo de la ciudad a promulgar en 1483 las Ordenanzas del gremio de la Pasa y la Vendimia del Jerez, que regula los pormenores de la vendimia, las características de las “botas” (barricas), el sistema de crianza y los usos comerciales.

Expansión internacional

Pero el Vino de Jerez no se enviaba sólo a Europa. El descubrimiento de América abrió nuevos mercados y un floreciente negocio. Era la época de los grandes viajes y los descubrimientos geográficos. Una serie de hitos históricos que fueron compartidos con vino de Jerez, como lo atestigua la compra de 417 odres y 253 toneles de vino de Jerez por parte de Magallanes para su largo viaje. Igualmente, se tiene constancia que estuvo presente en las celebraciones de las conquistas de nuevas tierras como la de Venezuela o la de Perú.

Sin embargo, la venta de vino de Jerez en las Indias se veía frecuentemente entorpecida por la acción de piratas que se hacían con los cargamentos de la flota y los vendían en Londres, lo que puso de moda el jerez entre la Corte Inglesa. De la popularidad del vino de Jerez en aquellos días dan una idea las obras de William Shakespeare, quién en compañía de su amigo Ben Johnson daba cuenta diariamente de una buena cantidad de botellas de vino de Jerez en la Bear Head Tavern.

Inversiones Extranjeras

La demanda del Jerez se dispara y los ingleses deciden hacerse con este vino incluso de forma no pacífica. En 1625 Lord Wimbledom intenta de nuevo un ataque a Cádiz, pero sin éxito. Este fracaso llevó probablemente a los ingleses (y también a escoceses e irlandeses) a asegurarse el abastecimiento de Jerez por los usos habituales del comercio, estableciendo sus propios negocios en el Marco: Fitz-Gerald, O`Neale, Gordon, Garvey o Mackenzie son apellidos ingleses, irlandeses o escoceses que se establecen en la zona durante los siglos XVII y XVIII. Más adelante vendrían los Wisdom, Warter, Williams, Humbert o Sandeman.

La inversión en el Marco es muy rentable, y atrae capitales españoles, sobre todo los “capitales de regreso” tras el proceso de emancipación de las colonias americanas. Llegan en aquella época los González (1835), Los Misa (1844), y un verdadero batallón de vascos: Goytia, Apecechea, Aizpitarte, Otaolaurruchi.

La industria jerezana se moderniza

A mediados del XVIII, todavía los vinos que se comercializaban desde la región de Jerez hacia los mercados eran aún muy diferentes de los que hoy conocemos como vinos de Jerez. A partir de finales del siglo XVII y durante todo el XVIII la demanda mundial de vinos se había incrementado de manera considerable y las distintas regiones vinícolas habían ido adaptado sus estructuras productivas para satisfacer dicha demanda. El gusto inglés iba, además, a cambiar definitivamente, desde los vinos más pálidos y ligeros anteriormente demandados a otros vinos más fuertes, oscuros y envejecidos.

Estas transformaciones de los mercados chocaban en Jerez con las difíciles relaciones existentes entre los “productores” (fundamentalmente cosecheros viticultores) y los “extractores” o comercializadores, que no eran fáciles. Los primeros tendían a dar salida a sus producciones de vinos del año o escasamente criados, los cuales era necesario fortificar para evitar que se estropearan durante las largas travesías. Naturalmente, los segundos estaban más atentos a los cambios en el mercado y demandaban vinos diferentes.

Las asociaciones gremiales, que dominaban la industria vinícola local, tenían un marcado carácter conservador de los privilegios de los cosecheros locales y suponían un elemento restrictivo para el comercio. Las complejas y profusas normas de los gremios limitaban las posibilidades de envejecer los vinos, por considerarlo una práctica “especulativa”: ello favorecía el comercio de vinos jóvenes y dificultaba a los extractores dar al mercado los tipos de vino que empezaban a demandarse. Sin embargo, instigado tanto por extractores locales como por los numerosos comerciantes extranjeros que habían ido estableciéndose en la región, en 1775 da comienzo el llamado “Pleito de los Extractores”, que concluye tras varias décadas con la definitiva abolición del Gremio de la Vinatería. A lo largo de todos estos años, las restrictivas reglas de funcionamiento del Gremio habían ido desapareciendo de forma paulatina, lo que fue generando una importante corriente de liberalización y, en definitiva, un fuerte impulso para la producción y el comercio de vinos.

El siglo XX

A finales del XIX, como ocurrió en la casi totalidad de los viñedos europeos, la epidemia filoxérica arrasó los viñedos del Marco de Jerez. Y la única solución posible fue el arranque de la totalidad de las cepas y la utilización de variedades de cepas americanas, resistentes al insecto, sobre la que han de injertarse las viníferas locales. La recuperación del viñedo jerezano fue relativamente rápida en comparación con otras zonas europeas y significó la definitiva selección de las variedades de uva que aún hoy siguen utilizándose en la elaboración del vino de Jerez.

Con el desarrollo de las comunicaciones y el transporte, el vino de Jerez continuó expandiéndose por los mercados internacionales. Sin embargo, fue en estos años cuando se manifestó con todo su impacto un nuevo problema que, aunque había estado latente durante siglos, no había sido percibido por los bodegueros jerezanos: la usurpación de la identidad del vino de Jerez. Los británicos, artífices incuestionables de la expansión de los vinos de Jerez por todo el mundo, no sólo contagiaron el gusto por el Sherry a los habitantes de sus múltiples colonias por todo el mundo, sino que, en aquellas en las que era posible la producción de vino, comenzaron a elaborar caldos en un cierto estilo que recordaba al auténtico jerez y a denominarlos Australian Sherry, South African Sherry o Canadean Sherry. Había nacido el problema de los sucedáneos, que lamentablemente aún perdura.

Son éstos años en los que la legislación empieza a incorporar conceptos tales como la protección de la propiedad intelectual o el derecho marcario y a articular mecanismos de defensa ante las imitaciones y usurpaciones. En este contexto es donde surge una noción de enorme importancia: la Denominación de Origen. Un concepto que inicialmente aparece en el mundo del vino y que posteriormente habría de trasladarse a otros productos agroalimentarios.

Ya en el último tercio del siglo XIX, los bodegueros del Marco de Jerez, empresarios auténticamente adelantados de su tiempo, habían estado presentes en todos aquellos foros internacionales en los que se gestaba lo que habría de ser el posterior esquema jurídico de defensa de las Denominaciones de Origen. No es de extrañar por tanto que, en 1933, cuando se publica la primera Ley Española del Vino, ya ese texto recogiera la existencia de la Denominación de Origen Jerez. Amparados por el nuevo texto legal, los productores jerezanos se pusieron manos a la obra y en enero de 1935 se publicó finalmente el primer Reglamento de la Denominación de Origen Jerez y de su Consejo Regulador, el primero en constituirse legalmente en España.

Resumen
Título
Xera, Sherish, Xeres, Sherry, Jerez… la fascinante historia de unos vinos únicos
Descripción
Los vinos de Jerez, únicos en el mundo, sólo se producen en la región situada en el triángulo formado por las localidades de Jerez del Frontera, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María.
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