Cada día vemos, compramos y consumimos un buen número de productos que forman parte ya de nuestro entorno personal, que nos resultan naturalmente familiares y cercanos. Sin embargo, no siempre conocemos el verdadero origen del producto o de su nombre, que en ocasiones se remonta a épocas muy lejanas. Como, por ejemplo, el del Roscón de Reyes.
Los orígenes de este dulce parecen estar en las fiestas saturnales de la Antigua Roma en honor al dios Saturno para celebrar la llegada de los días más largos tras el solsticio de invierno, en las que se preparaban unas tortas redondas con higos, dátiles y miel y en cuyo interior se introducía un haba seca, de modo que a que le tocaba era nombrado rey de reyes durante un determinado periodo de tiempo. Una costumbre que posteriormente se trasladó al cristianismo.
El Roscón de Reyes en España
En el caso de España, el antropólogo e historiador Julio Caro Baroja sitúa ya en siglo XII dos costumbres relacionadas con el roscón, una en el Reino de Navarra, donde se designaba Rey del Faba al niño que encontraba el haba en el roscón, y la otra en el Cancionero del poeta andalusí Ben Quzman, donde se habla de una tradición similar en el Año Nuevo con una torta que contenía una moneda, lo que indicaría que es probable que esta misma tradición se trasladara, con diferentes nombres o características, a diferentes territorios.
De cualquier modo, la extensión a nivel nacional en toda España y su tremenda popularización es relativamente reciente, tal y como conocemos el Roscón de Reyes en la actualidad: un bollo o pan dulce en forma de rosca, con un característico aroma a agua de azahar y decorado con frutas confitadas y azúcar —a veces se incluye también un haba seca y a la persona que la encuentra le toca pagar el roscón—, que tradicionalmente se consume el día 6 de enero, festividad del Día de Reyes y que puede ir sin relleno o con relleno, normalmente con nata o trufa o algún otro relleno que se va innovando cada año.


