Con el comienzo de la temporada, la provincia de Cádiz añade un nuevo atractivo turístico a sus costas: la captura del atún rojo en las tradicionales almadrabas. Este pescado, tan apreciado por los consumidores japoneses que importan la mayoría de nuestra producción, se ha ganado en los últimos años la denominación de producto ‘gourmet’. Desde […]

Con el comienzo de la temporada, la provincia de Cádiz añade un nuevo atractivo turístico a sus costas: la captura del atún rojo en las tradicionales almadrabas. Este pescado, tan apreciado por los consumidores japoneses que importan la mayoría de nuestra producción, se ha ganado en los últimos años la denominación de producto ‘gourmet’.

Desde pueblos como Barbate, Zahara, Conil y, en menor medida, Tarifa, se organizan excursiones para observar de cerca esta técnica de pesca milenaria con la que cada año se pescan alrededor de 5.000 atunes rojos, aprovechando su paso natural migratorio por aguas del estrecho, una labor que se ha convertido en centro de atención para el turismo.

Además del propio hecho de la pesca, los pueblos de la zona celebran en estas fechas ferias y fiestas gastronómicas relacionadas con el atún, del que el primer paso, el despiece, ya es un espectáculo, una especie de rito en sí mismo.

Los restaurantes y bares de la zona aprovechan para preparar sus recetas, desde las más tradicionales como el atún encebollado hasta las más vanguardistas en forma de finos carpaccios o acompañado de exóticas salsas orientales. Los ayuntamientos organizan fiestas o ciclos de conferencias con proyección de documentales relacionados con el tema.

Semana Gastronómica del Atún en Barbate

Barbate, donde se centra buena parte de la producción de la costa gaditana, comenzó el pasado jueves su IV Semana Gastronómica del Atún, que se ha venido celebrando en la carpa instalada en el recinto ferial, frente al Puerto de la Albufera, y que concluyó ayer, como todos los años, con una masiva participación de turistas y vecinos.

La asignación de este año para las almadrabas es de un máximo de 630 toneladas, una cantidad impuesta por los organismos internacionales para preservar el futuro de esta codiciada especie y que los pescadores consideran insuficiente para lograr mantener su tradicional sistema de captura a base de establecer en una zona cercana a la costa  una línea de redes de 34 metros de fondo en la que se va cercando al atún rojo para después proceder a levantarlo manualmente.