La pasada semana, una congresista estadounidense por el Estado de Connecticut, Rosa DeLauro planteó en la Cámara de Representantes una ‘atrevida’ pregunta: “¿Por qué razón los americanos no deberían pagar una prima de impuestos por beber un refresco azucarado, al igual que ocurre en el caso del alcohol o el tabaco?» La pregunta de la […]

La pasada semana, una congresista estadounidense por el Estado de Connecticut, Rosa DeLauro planteó en la Cámara de Representantes una ‘atrevida’ pregunta: “¿Por qué razón los americanos no deberían pagar una prima de impuestos por beber un refresco azucarado, al igual que ocurre en el caso del alcohol o el tabaco

La pregunta de la congresista fue presentada en forma de un proyecto de ley de 14 páginas llamado The Sweet Act (el acta dulce) y se dirige específicamente a las bebidas con azúcares añadidos, a las que propone gravar con un impuesto de aproximadamente el 15% de su precio en las botellas de mayor tamaño (por encima de 20 onzas, unos 600 ml.) según informa The Washington Post.

En principio, la medida propuesta sería bastante impopular entre los ciudadanos americanos, ya que de acuerdo con una reciente encuesta menos de una cuarta parte de ellos apoyaría la aprobación de un impuesto especial sobre los refrescos azucarados. Pero, según The Washington Post, en realidad existirían buenas razones para creer que el público no debería ser tan reacio a pagar un poco más por este tipo de bebidas.

Más obesos

Aunque su consumo parece estar cayendo en los últimos años, los estadounidenses beben de promedio casi una lata y cuarto de refrescos por día (datos de 2013), lo que supone casi el 75% más que en 1970. Y, al mismo tiempo, más estadounidenses se han convertido en obesos. Los mayores de 20 años cuentan con más del doble de probabilidades de ser obesos que hace 40 años.

El problema es tal que Estados Unidos se ha ganado la poco envidiable distinción de ser el gran país con más sobrepeso en el mundo, algo que no resulta en absoluto barato. de hecho, algunas fuentes estiman los costos médicos de luchar contra esta ‘epidemia’ de obesidad en alrededor de 150.000 millones de dólares al año (unos 112.000 millones de euros), mientras que muchos otros piensan que el costo global podría realmente ser varias veces superior a esa.

 

Artículos relacionados

Starbucks entra en el mundo de los refrescos

EE.UU. prohibirá la publicidad de alimentos no saludables en los colegios

Baja la obesidad infantil en Estados Unidos

¿Qué refrescos prefieren los españoles?

Nueva York prohibe los refrescos de más de medio litro

Más ensaladas y agua fresca en las escuelas de Nueva York

Sigue la moda de las prohibiciones: ahora, los refrescos en Los Angeles

Informe Rabobank sobre el mercado mundial de bebidas: ‘sedientos de crecimiento’

El consumo de refrescos podría aumentar la violencia en los adolescentes


{jathumbnail off}