A las doce en punto de esta mañana ha tenido lugar en Pamplona el ‘Txupinazo’, el tradicional acto popular que desde el balcón del Ayuntamiento marca el inicio de las Fiestas de San Fermín, internacionalmente conocidas como los Sanfermines. Abajo, en la plaza, miles de personas descorchando botellas de cava y champagne,  bebiendo o regando […]

A las doce en punto de esta mañana ha tenido lugar en Pamplona el ‘Txupinazo’, el tradicional acto popular que desde el balcón del Ayuntamiento marca el inicio de las Fiestas de San Fermín, internacionalmente conocidas como los Sanfermines.

Abajo, en la plaza, miles de personas descorchando botellas de cava y champagne,  bebiendo o regando sobre las camisetas de los asistentes al oír el conocido grito ritual: «¡Pamploneses, Viva San Fermín, Gora San Fermin!», este año a cargo del concejal de Nafarroa Bai, Iñaki Cabasés.

A partir de ese momento y hasta el 14 de julio, cuando las fiestas finalizan oficialmente con los ‘restos’ de un público que aún conserva fuerzas para lograr entonar el «Pobre de mí», una ciudad de tamaño medio como Pamplona se convierte en capital mundial de la diversión con un unos festejos populares donde todo es posible mientras se mantenga la regla básica de vivir y dejar vivir, pasarlo lo mejor posible y permitir que los demás también puedan hacer lo mismo.

Tras el Txupinazo, a las 16,30 h de la tarde tiene lugar el Riau-riau, un acto en el que desde 1914 la tradición manda que los ciudadanos acompañen a la corporación municipal desde el Ayuntamiento hasta la capilla de San Fermín, a medio kilómetro escaso del edificio consistorial, caminando muy despacio y tarareando «Riau Riau» a ritmo del Vals de Astrain, compuesto por el músico local Miguel Astrain y del que se desconoce el año exacto de su composición. La partitura fue guardada en el Ayuntamiento en 1907 y la transcribió otro músico, Venancio del Hoyo.

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