Nuevas evidencias científicas parecen confirmar que el entorno en que viven los niños tiene un mayor impacto en los esfuerzos para controlar la obesidad infantil que factores como la genética, una escasa actividad física u otros elementos que tradicionalmente se han asociado a este problema.

Tres estudios publicados recientemente en Scientific American abordan el tema de la importancia de la alimentación infantil como una de las partes de una ecuación, pero se centran fundamentalmente en las circunstancias concretas de las vidas de los niños o los adolescentes que componen este grupo de riesgo.

En tres décadas, la obesidad en niños y adolescentes estadounidenses se ha triplicado y las últimas estimaciones de 2010 clasificaban a más de un tercio de los niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad, lo que les sitúa con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño y problemas óseos o de articulaciones.

Obesidad infantil y los malos hábitos

Las variables responsables de ello se cree que van desde un ejercicio insuficiente a un excesivo consumo de refrescos. Pero el doctor Yoni Freedhoff, médico especialista en obesidad y profesor asistente de medicina en la Universidad de Ottawa, asegura: “Estamos educando a nuestros hijos en un mundo que es muy diferente al de hace 40 o 50 años. La obesidad infantil es una enfermedad del medio ambiente. Se trata de una consecuencia natural de niños normales con genes normales, pero criados en ambientes insalubres, anormales”.

En estos estudios, los factores ambientales varían desde lo aparentemente menor, como la utilización de platos de tamaño infantil, a grandes desafíos, tales como los horarios de las escuelas, de los que depende en gran medida que los niños y adolescentes duerman el tiempo suficiente.

Pero son parte de una lista aún más larga: la ubicuidad de la comida rápida, los cambios tecnológicos, menos comidas caseras, el incremento de la publicidad sobre alimentos, la explosión de alimentos procesados a bajo costo y el creciente tamaño de los envases de las bebidas azucaradas, así como un fácil acceso a determinados aperitivos poco saludables en las máquinas expendedoras, en los eventos deportivos y en casi todos los ambientes en que los niños se mueven. Estos son sólo algunos de los factores ambientales que la investigación ha relacionado con el aumento de la obesidad y que los investigadores están empezando a determinar cuáles, entre todos ellos, son los que juegan un papel mayor o menor en hacer que los niños engorden.

El tamaño importa

En uno de los tres nuevos estudios, el tamaño de la vajilla tomaba un verdadero protagonismo. Los investigadores estudiaron a 42 niños de segundo grado en un lineal de comida tipo buffet, utilizando alternativamente platos de tamaño infantil (18,4 cm de diámetro y con capacidad para 237 ml de alimento) y platos de adulto de 26 cm de diámetro con capacidad para 473 ml. Al duplicar el tamaño de la vajilla, los científicos descubrieron que los niños incrementaban la cantidad de alimentos que se servían a sí mismos en un promedio de 90 calorías, lo que significa que ingirieron un 43% de calorías adicionales.

Por su parte, la profesora de salud pública en la Universidad de Temple, Jennifer Fisher,asegura que el entorno y la posibilidad de diferentes opciones pueden cambiar la ecuación para los niños de la misma manera que ocurre en los adultos: “Esa idea de que los niños son inmunes al medio ambiente es equivocada. Para promover la autorregulación hay que constreñir el entorno de una manera que haga que la opción más saludable sea también la opción más fácil”.

Fisher afirma que muchas de las investigaciones más recientes en materia de nutrición se han centrado en los ‘ambientes de obesidad’ que se dan en la sociedad actual, un entorno dietético que ofrece un acceso generalizado y fácil a alimentos muy apetecibles y en raciones muy grandes. “Si nos fijamos en los estudios con adultos sobre dietas y pérdida de peso, veremos que la posibilidad de mantener el autocontrol en este ambiente es complicada. La mayoría de los científicos creemos que nuestros cuerpos han evolucionado para defenderse firmemente del hambre y para evitar la pérdida de peso y tal vez por ello no son tan sensibles a prevenir voluntariamente un consumo excesivo”, concluye la profesora Fisher.

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Los factores ambientales como causa de la obesidad infantil
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Los factores ambientales como causa de la obesidad infantil
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Nuevas evidencias científicas confirman que el entorno en que viven los niños tiene un mayor impacto para controlar la obesidad infantil que la genética.
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