El Parador de Cáceres cerró sus puertas en septiembre de 2009 para afrontar una necesaria reforma integral que lo adecuara a los nuevos tiempos. Las obras de rehabilitación comenzaron a ejecutarse en enero de 2010, volviendo a estar operativo el pasado mes de abril, coincidiendo con las fechas de Semana Santa. Ahora se ha llevado […]

El Parador de Cáceres cerró sus puertas en septiembre de 2009 para afrontar una necesaria reforma integral que lo adecuara a los nuevos tiempos. Las obras de rehabilitación comenzaron a ejecutarse en enero de 2010, volviendo a estar operativo el pasado mes de abril, coincidiendo con las fechas de Semana Santa.

Ahora se ha llevado a cabo el acto de inauguración oficial, que se celebró el pasado martes con la presencia del presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, la alcaldesa de Cáceres, Elena Nevado y el presidente de Paradores, Miguel Martínez y en el que actuó como maestra de ceremonias la periodista Pepa Bueno.

La reforma, en la que se ha invertido un presupuesto de 5,48 millones de euros, se ha centrado en la reorganización y redistribución del interior del edificio, techando dos patios ahora convertidos en la recepción y una nueva cafetería, ampliando el número de habitaciones y ganando una mejor accesibilidad y uso de energías renovables, sistemas de ahorro energético y reciclado de residuos. El resultado es un edificio contemporáneo, accesible y respetuoso con el medio ambiente, que además cumple con las exigencias del protocolo verde, convirtiéndose en un edificio medioambientalmente sostenible.

Reordenación del espacio

El Parador se sitúa en pleno casco histórico de Cáceres y ocupa dos edificios emblemáticos: el palacio de Torreorgaz y la casa de Ovando, una de las viviendas nobiliarias que lo circundan. Su excelente ubicación lo coloca como punto de partida en un recorrido por esta histórica ciudad  declarada en 1986 Patrimonio de la Humanidad.

La reforma a la que se ha sometido ha dado lugar a un edificio más actual, accesible y sostenible,  en el que se han tenido en cuenta criterios de sostenibilidad y eficiencia energética, limitados únicamente por las características de la edificación y su ubicación en el casco viejo de la ciudad.

De hecho, conserva intacto su aire de edificio histórico gracias al mantenimiento de características esenciales de su construcción como muros de piedra, escalinatas, numerosos arcos y su patio interior.

El proyecto ha sido llevado a cabo por los arquitectos Mauro Cano Ayala y Carmelo Cano Moreno, que han reconvertido y modernizado el espacio, que ahora cuenta con  convirtiéndolo en un 39 habitaciones, seis más que antes de las obras, entre las que destacan una adaptada para personas con movilidad reducida y una suite con salón ubicada en la antigua enoteca, con arcos abovedados y vistas al jardín y la calle.

El establecimiento cuenta además con dos patios (antiguamente abiertos) que han sido cubiertos para alojar la recepción y una nueva cafetería. En cuanto a espacios exteriores, destaca en las instalaciones el patio con jardín, habilitado como una extensión del comedor ‘Torreorgaz’ y custodiado por antiguos muros de piedra, numerosos árboles centenarios y un pozo antiguo.

Comer en el Parador de Cáceres

Aprovechando la riqueza culinaria de la provincia de Cáceres y de Extremadura, la cocina del parador se ha especializado en recetas en las que sobresalen los productos autóctonos de más calidad y más reconocidos de la zona geográfica. Como los alimentos extremeños con Denominación de Origen Protegida (Torta del Casar), Denominación de Origen (Cereza del Jerte) o Indicación Geográfica Protegida (Ternera extremeña), por no hablar de los aceites Monterrubio y Gata-Hurdes,  los quesos Ibores y de la Serena; el pimentón de la Vera o los embutidos de La Dehesa.

La carta del restaurante del Parador, en definitiva, ofrece recetas tradicionales y contemporáneas elaboradas con productos típicos como el cabrito asado al romero, el solomillo con salsa de torta del Casar, la merluza a la cacereña, las ancas de rana a lo mozárabe o la paletilla de lechazo asada con patatas a lo pobre.

Una cocina que destaca por la elaboración de platos en los que se tienen muy presentes los derivados del cerdo (jamón ibérico, chorizos, morcilla de lustre, morcón, etc.), los productos silvestres como las setas, los espárragos, los berros o los cardillos y los quesos, tan importantes en Extremadura.