Las primeras referencias históricas al carbón vegetal activo se sitúan en el 1550 a.C., en uno de los tratados médicos más antiguos que existen, que data del Antiguo Egipto, el Papiro de Ebers, donde ya se hablaba de su uso para tratar molestias gastrointestinales. Mucho tiempo después, a partir del siglo XVII, diversos científicos comenzaron a estudiar sus propiedades absorbentes de diversas sustancias.

Hoy en día el carbón vegetal activo añadido a la harina se ha convertido en una novedad en el mundo gourmet. Porque la harina de carbón vegetal constituye una revolución, no sólo para hornear, panificar y conseguir efectos decorativos en panes, pastas y pasteles, sino sobre todo para aquellos consumidores que buscan alimentos ricos en sustancias con propiedades funcionales que pueden tener efectos beneficiosos para su salud.

Desde Quadra Panis, uno de los panaderos gourmet que están elaborando este tipo de pan, destacan sus efectos beneficiosos a la hora de tratar y curar molestias intestinales tan habituales como la distensión abdominal provocada por la acumulación excesiva de gases (meteorismo), la flatulencia, la aerofagia, la hinchazón abdominal, la dispepsia, la gastritis, el reflujo o la acidez. El carbón vegetal mezclado en la masa —aseguran sus impulsores— es beneficioso para estos problemas digestivos tan comunes, porque durante la digestión retiene los gases que son liberados en el proceso de la fermentación, además de reducir la hinchazón en quienes sufren intolerancia al gluten.

En la actualidad el carbón vegetal es producido a partir de la madera de pino o de turba, a las que se somete primero a un proceso de carbonización y luego de activación, al calentarse de nuevo a altas temperaturas esta vez en presencia de vapor de agua, aire o gas. Así se consigue aumentar su poder de absorción, hasta alcanzar cotas excepcionales. Para hacernos una idea, en 500 gramos de carbón activo hay nada más y nada menos que 50 millones de poros.

En el caso de Quadra Panis, con la utilización de harina de carbón vegetal para elaborar pan, aseguran haber conseguido un alimento terapéutico para tratar y curar problemas intestinales. El carbón vegetal activado, una vez ingerido, absorbería iones y moléculas hidrosolubles, gas intestinal y burbujas de aire presentes en el estómago y en el tracto intestinal. Además, la harina de carbón vegetal puede utilizarse como elemento decorativo de panes, pastas y pasteles. Al mezclarse con la masa se consigue realzar los colores de coberturas, rellenos y decoraciones.

Un poco de historia

La historia del carbón vegetal activo es muy antigua. Ya en el 1550 a.C., uno de los tratados médicos más antiguos que existen, y que data del Antiguo Egipto, ya hablaba de su uso para tratar molestias gastrointestinales. Es el Papiro de Ebers, descubierto a finales del siglo XIX entre los restos de una momia en una tumba en Luxor y adquirido por el egiptólogo alemán Georg Ebers, de ahí su nombre.

Mucho tiempo después, a partir del siglo XVII, diversos científicos, comenzaron a estudiar sus propiedades absorbentes de diversas sustancias. Como es el caso de un químico francés, llamado Bertrand, quien en 1813 asombró a los asistentes a una demostración pública cuando se tragó, sin inmutarse, una cucharada de trióxido de arsénico. Se trataba de una dosis suficiente para acabar con la vida no de una, sino de varias personas.

Pero al aparentemente temerario Bertrand no le pasó nada. Su secreto, que desveló más tarde, era que había añadido carbón vegetal en polvo al arsénico. Había conseguido así neutralizar los efectos del veneno con uno de los mayores absorbentes naturales que existen, usado durante siglos como remedio natural en intoxicaciones y dolencias intestinales.

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Pan de harina de carbón vegetal, la última innovación gourmet
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Hoy en día el carbón vegetal activo añadido a la harina se ha convertido en una novedad en el mundo gourmet.
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