El queso es uno de los alimentos más populares, con una historia casi tan antigua como la de la propia humanidad, puesto que surgió como una forma primitiva de conservación de la leche. Un producto que los griegos ya lo consideraban como ‘un manjar de los dioses’.

Se trata de un lácteo que además de su buen sabor ofrece un elevado valor nutricional, a pesar de su alto contenido de grasa. Consumido con moderación puede llegar a ser una fuente de ventajas para nuestro organismo por diferentes razones:

  • Protege la dentadura al controlar el aumento de la acidez en la placa que rodea los dientes y la caseína que contiene forma una película alrededor de ellos.
  • Posee un alto contenido de vitaminas B1, B2 y B12, así como de A y D que mejoran la visión y ayudan al sistema inmunológico.
  • Es una fuente de calcio y fósforo que contribuye a la fortaleza de huesos y dientes que con el paso de los años previene la osteoporosis.
  • Algunos de los ácidos grasos que contiene como el Omega 3 y Omega 6 benefician a los sistemas cardiovascular y nervioso.

Conservación natural

No obstante, para poder disfrutarlo con todo su sabor se deben tomar ciertas precauciones a la hora de conservarlo en buen estado.

Lo ideal es poner el queso en un sitio sin luz con el objetivo de evitar su oxidación, y aunque la costumbre general es guardarlo en la nevera, conviene saber que el frío seco del frigorífico le resta humedad a los quesos, lo que hace que pierdan sabor.

En casos así es mejor envolver el queso en un paño húmedo, o en todo caso en papel de film, y media hora antes de comerlo sacarlo de la nevera para que recupere su gusto.

De la misma forma, un queso que se deje fuera del frigorífico y sin ningún tipo de protección sudará con el calor, lo que también produce resequedad al perder su grasa natural.

Frente a estos inconvenientes, la marca de envases Fizpílar elabora recipientes cerámicos con arcillas arenosas que producen un microclima en su interior al resguardar la humedad natural de los alimentos. Al depositar el queso dentro del envase se conserva fresco, ya que mantiene su propia humedad, lo que además evitará que aparezca el moho como sí sucede cuando se envuelve en papel transparente. Asimismo, la porosidad de la cerámica hace que el queso respire evitando que sude en demasía.

Todos estos factores convierten a estos recipientes cerámicos en una excelente opción a la hora de conservar el queso mientras es consumido.

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Recipientes cerámicos para conservar el queso
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El queso es uno de los alimentos más populares, con una historia casi tan antigua como la de la propia humanidad, puesto que surgió como una forma primitiva de conservación de la leche.
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