Para disfrutar con una sidra, para saborearla de verdad y apreciarla, ayuda mucho tener unos conocimientos básicos del arte de la cata, de la cultura de la sidra: observarla en la copa o en el vaso, olerla, distribuirla por las partes sensibles de la boca para tantearla y emitir un juicio sobre su estilo y calidad.

Desde tiempos remotos la sidra ha sido considerada por los asturianos como una bebida natural y sana, sin aditivos ni compuestos químicos que, en general, tiene una baja graduación alcohólica, entre cuatro y seis grados, y transmite un claro efecto refrescante que la hace especialmente adecuada para casi todas las épocas del año.

Una bebida que forma parte del día a día de la región desde épocas ancestrales y que, como tal, ha ido creando una serie de tradiciones a lo largo de los años, entre ellas cómo debe elaborarse, embotellarse, echar de la botella al vaso y, finalmente, saber catar para disfrutar aún más la sidra, siguiendo estos consejos que ofrece el propio Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias.

Poner los cinco sentidos

Saber catar exige poner los cinco sentidos, pues tanto la vista, como el oído, el olfato, el tacto y sobre todo el gusto, son necesarios para llevar a cabo una buena cata. Las sensaciones y nuestra percepción, ponen en evidencia el papel jugado por el sistema nervioso y especialmente el cerebro en la composición de las mismas. El cerebro está facultado de memoria, sin la cual, la cata es imposible.

Análisis Sensorial

La memoria puede ser: visual, olfativa y gustativa. En el aspecto visual, se debe observar fundamentalmente el color, si hay o no desprendimiento de gas carbónico, limpidez, brillo, fluidez, etc. Olfativamente, interesa la intensidad, la calidad y el carácter de los aromas. En boca, se debe prestar atención a los cuatro sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo, y la interrelación entre ellos.

Este sistema de análisis, puede ser válido —con pequeñas variaciones—, tanto para las sidras de nueva expresión como las espumosas. La cata de sidras tradicionales difiere de las anteriores y no sólo por el servicio en vaso.

Cata de Sidra de escanciado tradicional

A la hora de catar una sidra recién escanciada, hay que tener en cuenta una serie de aspectos típicos.

Visualmente, se debe observar el espalme, que es el comportamiento de la espuma superficial que se genera al escanciar, y que debe desaparecer rápida y completamente, no dejando cercos ni espumas. También se debe apreciar el aguante, que consiste en la persistencia de una emulsión de burbujas que ocupa toda la masa del líquido, y que va desapareciendo lentamente. Un aguante correcto exige una persistencia más o menos prolongada. Finalmente hay que observar el pegue o la adhesión de la espuma a las paredes del vaso en forma de partículas pequeñas y de modo consistente, aunque este último parámetro no se considera fundamental en las sidras acogidas a denominación de origen. En nariz es importante recordar que estas sidras suelen presentar una acidez volátil más elevada. En boca presentan un sabor ácido característico, acompañado de amargor y ligerísima astringencia, valorándose positivamente una sensación de discreto dulzor que equilibre el conjunto, es por tanto un producto seco, sin azúcares residuales.

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Saber catar para apreciar, aún más, la sidra
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Para disfrutar con una sidra, para saborearla de verdad y apreciarla, ayuda mucho tener unos conocimientos básicos del arte de la cata, de la cultura de la sidra.
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