El Festival de Jazz de Donostia-San Sebastián 2011, Jazzaldia, comenzaba ayer con uno de los conciertos más atractivos de la programación en los últimos años: el del veterano músico B.B. King, que actuaba por la noche en el Escenario Verde de la Playa de Zurriola. El programa del Jazzaldia incluye este año interesantes novedades gastronómicas, […]

El Festival de Jazz de Donostia-San Sebastián 2011, Jazzaldia, comenzaba ayer con uno de los conciertos más atractivos de la programación en los últimos años: el del veterano músico B.B. King, que actuaba por la noche en el Escenario Verde de la Playa de Zurriola.

El programa del Jazzaldia incluye este año interesantes novedades gastronómicas, con restaurantes que ofrecen menús especiales de jazz y la cocina catalana que tradicionalmente ha patrocinado este evento ofreciendo sus productos en una carpa instalada en el Kursaal.

Pero probablemente la novedad más original ha sido la de ver a Andoni Luis Aduriz, chef y propietario de Mugaritz, el tercer mejor restaurante del mundo y veterano aficionado a la música, ejerciendo de DJ en la fiesta pre-inaugural organizada por Heineken en el Museo de San Telmo, nuevo escenario del festival, con varios centenares de aficionados bailando al son de sus selecciones musicales, que variaron desde la brasileña Maria Bethania a Van Morrison, pasando por algunos toques de música experimental vasca.

Menús con propuestas de jazz

En cuanto a los menús especiales que hacen referencia a temáticas o nombres relacionados con el jazz, son cuatro restaurantes de primer nivel y relacionados geográficamente con el entorno de Jazzaldia los que se han sumado a la iniciativa:

Kokotxa, a cuyo frente se encuentra Dani López, con una estrella Michelin, un establecimiento que se encuentra muy cerca de la Plaza de la Trinidad.

Bokado, en San Telmo, dirigido por su chef  Iñigo Cojo, que ha dado a cada plato el nombre de un ritmo musical.

Ni Neu, en el Kursaal, bajo los mandos de Mikel Gallo.

Y El Mirador de Ulía, de Rubén Trincado, con una estrella Michelín, en su privilegiada atalaya desde la que se divisa toda la ciudad.

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