“Escribo desde el corazón de la Cordillera de Dipilto, en Nicaragua. Y escribo mirando un paisaje de extensos bosques de pino, encinos, guabas… donde viven, gavilanes, guardabarrancos, oropéndolas y quetzales; coyotes y tigrillos, venados, guardatinajas y armadillos. Escribo desde uno de los lugares donde la vida me resulta más plena”.

Son las palabras con las que ‘Milo’ Gutiérrez, productor de Loma Fría, describe esta zona donde se produce un café del calidad gourmet, cien por cien arábiga cultivado en altura en pequeñas fincas medioambientalmente sostenibles.

Un café que en España se puede saborear a través del proyecto Paralelo 13, una iniciativa de pequeños productores de café de la Sierra de Dipilto, en el norte de Nicaragua, que desean hacer llegar su producto al final de la cadena comercial, salvando así la larga cadena especulativa del café.

Esta experiencia se ha iniciado con café de la Finca Loma Fria, propiedad de la familia Gutiérrez Castillo, una de las familias pioneras en el cultivo y transformación de café en Nicaragua. El café producido en la Finca Loma Fría es de tipo arábiga, variedad caturra cultivado en altura y bajo sombra en parámetros amigables con la naturaleza y siguiendo los modelos de cultivo tradicional. Esto hace que su producción y la preservación del bosque vayan de la mano.

De Nicaragua a Galicia

El café llega en verde a Galicia y desde aquí se procesa a demanda, consiguiendo que el café esté siempre en condiciones óptimas para su consumo. Y se comercializa bajo la filosofía de unas relaciones comerciales éticas sustentadas sobre un equilibrio entre quien produce el café y quien lo consume.

Justo reparto del beneficio mediante la participación del productor en la cadena de valor de su producto, eliminando eslabones en la cadena de intermediarios, acercando así a productor y consumidor y permitiendo al productor mantenerse inmune frente a prácticas meramente especulativas del mercado internacional.

Responsabilidad Medioambiental, premiando al productor que apuesta por la sostenibilidad, por el mínimo impacto ambiental, haciendo suyo un manual de buenas prácticas que redunden en la sostenibilidad del modelo productivo y la calidad del producto.

Respeto absoluto por el consumidor final, mediante un modelo que permite el seguimiento íntegro de la trazabilidad del producto, consecuencia directa de la reducción de intermediarios y manipuladores, de la existencia de una línea directa y permanentemente abierta de comunicación entre productor y consumidor.

Sólo desde esta práctica el productor podrá recibir la justa remuneración a su verdadero esfuerzo y riesgo, recogiendo un mayor beneficio reinvertible en la mejora de su producción, de su calidad de vida y de la de cuantos participan con él en el proceso productivo.