“Ha llegado la hora de que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático reconozca la responsabilidad de los sistemas alimentarios industriales en lo que respecta la creación de gases de efecto invernadero. Sabemos que la agricultura y el uso de la tierra en general genera una cuarta parte del total de emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo”.

Así se expresaba Ursula Hudson, presidenta de Slow Food Alemania y miembro del Comité Ejecutivo de Slow Food International, refiriéndose a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24) que hasta el próximo 14 de diciembre se está celebrando en Katowice, Polonia y a la que la organización internacional Slow Food hace un llamamiento para que los participantes creen un ‘libro de normas’, un sistema de reglas compartidas para poner en práctica los compromisos que se tomaron en París en 2015.

El cambio climático en Europa

En cuanto a la responsabilidad de los sistemas alimentarios industriales, Ursula Hudson asegura que “esa cuarta parte del total de emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo que en general genera la agricultura y el uso de la tierra, en el caso de Europa, si incluimos también la energía que se consume para el cultivo y la producción de comida, el transporte, la refrigeración y preparación de alimentos, la cifra aumenta hasta 40 %”

En este sentido, la presidenta de Slow Food Alemania añade que “los tres mayores productores de carne del mundo generan más emisiones que Francia y casi tantas como algunas de las mayores empresas petrolíferas. Si esas empresas fueran un país, serían el séptimo productor de emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. Debemos reducir significativamente el consumo de carne —dos tercios de las emisiones agrícolas se deben a la ganadería— y debemos proteger los ecosistemas marinos, capaces de retener grandes cantidades de CO2. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional tenga en cuenta estos datos. Necesitamos a políticos valientes que no tengan miedo de sancionar a las industrias que no cumplan con objetivos climáticos”.

Según los responsables de Slow Food, todas estas consideraciones se deben llevar a cabo en todo el mundo y la COP24 es la mejor oportunidad: “Los países que no respeten el acuerdo, o que se retiren, también deben ser sancionados de algún modo por la comunidad internacional. El problema climático es una cuestión mundial, el futuro de la humanidad no se puede poner en peligro debido al egoísmo poco previsor de los políticos que buscan el consenso y el poder”.

La selva amazónica de Brasil

El caso de la selva amazónica de Brasil es representativo: este gran pulmón vede tiene un papel crucial en la regulación del clima y en la conservación de la biodiversidad. La deforestación tropical y la degradación del bosque como resultado de la expansión agrícola, la conversión a pastizales y la tala destructiva, entre otras prácticas, representan el 11 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el mundo (FAO). En Brasil, entre los meses de agosto de 2016 y julio de 2017 se perdieron 6.624 kilómetros cuadrados de selva amazónica, en tan solo un año (INPE).

“El futuro podría ser aún peor”, asegura Georges Schnyder, presidente de Slow Food Brasil y miembro del Comité Ejecutivo de Slow Food International. “Si se hacen realidad las promesas que hizo el presidente Jair Bolsonaro durante su campaña electoral —reducir de las medidas de protección medioambiental, acabar con las áreas protegidas y con las reservas de los pueblos indígenas, reducir las sanciones por delitos ambientales—, las consecuencias para el clima mundial pueden ser catastróficas. Sería un desastre de proporciones mundiales. Por eso pedimos a la COP24 que no permita que se pongan en práctica esas políticas tan devastadoras”.

La central eléctrica a carbón más grande del mundo

Por su parte, Polonia, el país que acoge la COP24, es el hogar de la central eléctrica a carbón más grande del mundo. Con motivo de la apertura de la conferencia en Katowice, el presidente polaco Andrzej Duda subrayó la intención de su país de empezar una transición energética, afirmando que “Polonia está lista para poner de su parte para trabajar por la seguridad del planeta”.

En este sentido, Anna Ruminska, de Slow Food Dolny Slask espera que “igual que en Europa, aquí también se adopten compromisos vinculantes para reducir las emisiones de CO2 y crear incentivos para aquellos que practican la agricultura agroecológica y que crían ganado de un modo extensivo; para limitar de un modo razonable la importación de especies y de semillas apoyando de este modo la protección de los recursos y productores locales; y para producir mediante métodos artesanales, protegiendo la biodiversidad y el suelo”.

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Sobre el cambio climático y los sistemas alimentarios industriales
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“Ha llegado la hora de que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático reconozca la responsabilidad de los sistemas alimentarios industriales en lo que respecta la creación de gases de efecto invernadero".
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