Las vacaciones de verano dar lugar muchas veces a cambios en los horarios y rutinas diarias que en ocasiones conllevan también pequeños desórdenes en la alimentación. Y una de las comidas más afectadas en esta época suele ser el desayuno.

Sin embargo, como el resto del año el desayuno sigue siendo la comida más importante del día y, precisamente en verano podemos aprovechar que no tenemos prisa para aprender a disfrutar de él. Un buen momento para preparar distintas opciones —leche, cereales, pan, zumos, piezas de fruta…— y presentarlas de forma agradable. Con respecto a los niños, los expertos recomiendan a las familias mantener los buenos hábitos alimenticios adquiridos en el comedor escolar durante el curso.

Frutas y verduras

“Esta época del año nos ofrece multitud de posibilidades para potenciar los buenos hábitos alimenticios de los más pequeños, ya que disponemos de muchos alimentos de temporada sanos y que apetecen. Además, el buen tiempo nos invita a mantenernos activos, lo que contribuye a un estilo de vida saludable”, explica Vicenç Sellés, responsable del Servicio de Nutrición y Dietética de Eurest Catalunya, quien añade que “la fruta es un excelente piscolabis en verano. Aporta mucha agua y vitaminas, y la amplia variedad hace que nadie tenca excusa para no comer fruta”.

Porque efectivamente el verano es una excelente época para aumentar el consumo de verduras crudas y de legumbres, ricas en proteínas, vitaminas y fibra, que nos ayudarán a seguir una dieta sana y equilibrada. Las ensaladas, gazpachos o sopas frías dan mucho juego. Con un poco de imaginación es muy fácil combinar de forma diferente verduras frescas, legumbres y otros ingredientes que den un toque definitivo a la propuesta veraniega.

La hidratación, más importante que nunca

Cerca del 60% de nuestro organismo es agua, por lo que es importante ingerir líquidos de forma constante para mantener unos niveles estables.

Un 20-25% del total del agua que ingerimos es suministrado por alimentos sólidos de la dieta y el 75-80% restante lo aportan los líquidos. Durante el verano, el riesgo de deshidratación aumenta, ya que hay una mayor pérdida de agua por las altas temperaturas, por lo tanto es importante asegurar una ingesta adecuada.

Los niños suelen practicar muchas actividades físicas durante el verano, lo que sumado a las altas temperaturas, les hace muy vulnerables a la deshidratación. Una insuficiente hidratación puede afectar al humor, a la atención y a la memoria a corto plazo, además de producir otras molestias como dolores de cabeza.

 

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El desayuno, el gran olvidado en verano
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Las vacaciones de verano dar lugar muchas veces a cambios que en ocasiones conllevan también pequeños desórdenes en la alimentación. Y una de las comidas más afectadas suele ser el desayuno.
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