El joven cocinero vasco francés de 35 años Iñaki Aizpitarte, nacido en Besançon y afincado en París, destacó ya en 2003 desde los fogones de un pequeño restaurante, La Famille, en el mítico barrio de Montmartre. Pasados un par de años creó, con el chef Laurent Chareau, Transversal, el primer restaurante artístico en un museo, […]

El joven cocinero vasco francés de 35 años Iñaki Aizpitarte, nacido en Besançon y afincado en París, destacó ya en 2003 desde los fogones de un pequeño restaurante, La Famille, en el mítico barrio de Montmartre. Pasados un par de años creó, con el chef Laurent Chareau, Transversal, el primer restaurante artístico en un museo, el MAC/VAL, museo de arte contemporáneo instalado en las afueras de París.

Pero desde siempre Iñaki Aizpitarte había mantenido que quería crear un restaurante donde sus amigos pudieran darse el lujo de comer, así que a mediados de 2006 inauguró su propio establecimiento, Le Chateaubriand, situado en el 129 de la Avenue Parmentier  -típico barrio burgués-bohemio- un bistrot destartalado con el aspecto de un simple bar, con su tradicional barra de zinc, pizarras en la pared y típicas sillas duras de madera de toda la vida, donde comenzó a ofrecer unas propuestas de alta gastronomía, pero en su versión más democrática, con unos precios que aunque elevados, están muy en línea con un tipo de público joven, fresco y desenfadado que rápidamente lo han convertido en su local habitual.

Poco a poco, con la ayuda de la mejor guía gastronómica, como es el boca a boca de los buenos clientes, Le Chateaubriand ha ido superando puestos en la lista de los mejores restaurantes del mundo hasta que situarse en el puesto número 9 de la recientemente editada  lista S.Pellegrino World’s 50 Best Restaurants 2011

Con el apoyo incondicional de los mejores chefs

A ello ha contribuido también, sin duda, el apoyo de algunos grandes chefs como es el caso del español Andoni Luis Adúriz –probablemente el cocinero más técnico del mundo– que definió su visita a Le Chateaubriand como “la mejor cena de mi vida”,  o la de los franceses más curiosos como Alain Ducasse o Pierre Hermé, que han alabado públicamente muchos de sus platos, como la piperade con frutos rojos o el tartar de ternera con gelatina de ostras.

Muy influenciado por sus raíces vascas, su cocina se basa también en la amplia experiencia acumulada a partir de sus múltiples y variados viajes, con una inclinación muy particular por la deconstrucción de recetas clásicas, unos platos que Azpitarte vuelve a trabajar desde la óptica más actual de una simplicidad minimalista.

En definitiva, las propuestas Azpitarte ofrecen una gran variedad de combinaciones audaces e imaginativas, pero siempre con la característica de procurar usar los fuegos en la menor medida posible, con la intención de no adulterar las texturas, colores y sabores originales de los alimentos.

Sin embargo, Iñaki Azpitarte, al igual que le ocurre en Italia a Mássimo Bottura, debe soportar unas permanentes e injustificadas campañas en su contra por parte de la propia crítica especializada francesa, que no le perdona el hecho de haberse salido de los cánones tradicionales de la alta cocina francesa para ofrecer una propuesta mucho más actual, fresca y desenfadada.

Azpitarte-plato